Textos Publicados

—Y por eso, es que no debemos flaquear en la misión que la naturaleza nos entregó, la misión que sostengo en mis manos junto a mis colegas: un México mejor, más limpio, más justo para todos.

 

El aplauso no se hizo esperar. Gillman, o como lo llamaban en CDMX, “Gil” sonreía tanto como sus escamosos labios reventados lo permitían. A falta de maquinaria más sofisticada, un atomizador automático rociaba agua sobre su rostro cada 20 segundos, y sus dedos palmeados saludaban al foro con entusiasmo.

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El Monstruo de la Laguna Verde Ecologista de México Cuento Seleccionado en Penumbria 39

Soñé que era una artesana.

Me sentaba con las piernas cruzadas, todo el día. Encima de un tablón crujiente y asoleado esperaba, a veces horas, a que me trajeran materiales. Mi piel era café, mi cabello blanco. Esperaba en la cima de la montaña con el sol a mi espalda, luego trepándose hasta mis hombros y luego escondido en mis manos abiertas, siempre recibiendo. (más…)

Artesana Publicado en El Ojo de Uk

A la luz del sol vaquero, un hombre mira un pueblo con sus ojos rasgados. Cabalga hasta la entrada del salón, dándole con los espolones al caballo. Baja en el abrevadero. Patea una rodadora. Aprieta la cartera dentro de su chaleco, antes de entrar a cobrar su recompensa.

 

El lugar polvoriento le niega la vista con penumbra. Aspira el hedor a hueso viejo y aguardiente, mientras sus ojos se acomodan a los bordes, esquinas, astillas, cartas y hombres. Se acerca sin interrumpir el bullicio. Al lado de su banquillo, un muchacho flacucho se pone de pie con prisa. (más…)

Sin Tentar a la Suerte Publicado en El Ojo de Uk

Pregunto por una niña en un puesto de tacos. De este vuelo. Pelo café. Once años. Se parece a todas las niñas. Resignado pido una orden y le echo salsa a mi noche: Mire, me pagan por hallar amantes autónomos. Manejan sus carros, pagan sus comidas, contestan sus llamadas y dejan un olor tosco. Fáciles de encontrar. Por eso mi caso actual me sacude las manos, me afloja la corbata y me hace andar rápido. Esta niña no es fácil. (más…)

Asunción Cuento Seleccionado en Penumbria 38

La primera vez que lo vi entrar al salón me sequé de la risa, como todos. Era la combinación de su piel verde y la camisa blanca, personaje de la tele, fusión de imaginaciones preescolares. Daba clase con tal pasión que casi olvidábamos su babeo ocasional. Mi profe de inglés no era lo que yo esperaba, pero yo estaba muy verde para notar la fibra del individuo que tenía al frente. Alguna vez vi a chicos, mujeres mayores y hombres seniles esperar burbujeando fuera del salón, sólo para derramarle encima los afiches que tuvieron durante años guardados, buscando el momento fuera de sus apretadas rutinas para encontrarse con Nopaloide: el Héroe Natural. Él, todo sonrisas, rebanaba la yema de su dedo y la colocaba con toda viscosidad en los documentos que le presentaban. (más…)

Nopaloide Cuento Seleccionado en Penumbria 36

83 1Y fue así que en esos días el Señor mandó a Yequm, acompañado por mí, R70BG4, para suavizar el corazón de los humanos. 2Fueron estos insaciables una vez que descubrieron la absorción entrópica, y consumieron de inmediato su propio sol, vaciándolo de luz y espíritu. 3Llenaban sus hogares de brillo, sus caminos de carruajes, sus nubes de balas y su vida era consumir a gusto, no a necesidad. 4Entonces, ya habiéndose acabado toda la vida que su sol hubiera de darles, construyeron arcas de metal del tamaño de planetas, y zarparon al corazón del vacío: el Ojo de Dios, buscando soles para consumir. (más…)

Confesiones del Testigo de la Micra, versículos 83, 1 – 86, 26 Relato ganador del Primer Lugar del Certamen Ramiro Garza 2016

Una chica en sudadera amarilla y pantalón pesquero se aproxima con las manos en las bolsas. Entra a una tienda departamental y entre las ofertas halla a una mujer con la mirada seca: la gerente del lugar. Después de una sonrisa, la niña se mueve rápido y le detiene una mano a la gerente por su espalda. Con la otra, le hunde la punta de un picahielos rojo y pulsante en el costado.

—Como te muevas, te mueres, pinche lengua larga.

La gerente mira a la chica, revelando momentáneamente una cara de lagarto irritado. (más…)

Misterio Marca Palomita 33 Cuento Seleccionado en Revista Fantastique

En el supermercado me escupen en la cara. La cajera de rostro con ámpulas infladas me lanza una frase mordaz, y no la desmiento. El hombre detrás de mí empuja su carrito para darme en los tobillos entaconados, pero lo esquivo. Miro su rostro: piel quemada y dientes apretados. Su muñeca comienza a humear y me doy prisa en salir. Hoy no me lastimaron, solo el olor a carne chamuscada. (más…)

El Elucubrador Mandatorio Cuento Seleccionado en Penumbria 47

Ricardo Caballero, paladín del Pozoles y capataz de sus polvos blancos, cabalga en su camionetota por la carretera Saltillo-Monterrey. Pinche calorón sabroso: rebaba de lava; llamas aldeanas al lado del asfalto chapopoteado. A Caballero no le importa. Acaricia el volante de su trocón: una pickup bestial. Viene una vuelta cerrada, y suelta. Las palmas flotando sobre la manejera que se zangolotea con la transmisión hidráulica del monstruo: sale al terreno árido y seco de Nuevo León. A donde vaya, su camioneta mítica tira paro, arrollando coyotes, rodaderas, nopales y riscos: nada para a su troca Dragón. (más…)

Dragón y Caballero Cuento Seleccionado en Vocanova

El padre Faustino alcanza memorias en los sermones. Sonrojos de decepción y corajes se ganchan en su retórica y los jala con poder divino, una luz santa que sana y renueva. Cada año organiza un evento lúgubre, la diócesis de Monterrey lo permite solo por las grandes cantidades de fieles que los testimonios mueven y las conversiones potentes que traen sus “apóstoles anuales”. Siempre rodeada de un incienso imaginario, reminiscente a las catacumbas de París con sus muros de cráneos humanos o la limpia de muertos en Pomuch, fieles con grandes pecados y enormes arrepentimientos esperan ser uno de los cinco seleccionados para la Misión a Hierbas Puras. (más…)

Misión a Hierbas Puras Cuento Seleccionado en Penumbria 48

La goma caliente termina de cuajar en el esqueleto de titanio. Esta diminuta mujer abre sus diminutos ojos: toda está cubierta de un polímero con gradación médica. Ella en frente de un titán obeso, ante gafas goteantes y camisas crujientes. Risitas pervertidas que barnizan sus pin-ups eróticos. Vuelve a sus manos miniatura: cubiertas de carcazas curvilíneas, aparentan poderosas manoplas mata entes y se pregunta ¿Qué soy? ¿Mujer? (más…)

Malaquita Cuento Publicado en Antología Sensacional de Ciencia Ficción

Hay bestias que ladran y arañan, terribles habitantes del vaho helado. Mis bestias callan y ven, desde orillas mohosas oliendo a popurrí, bajo papeles notables en un cajón lodoso y altivos, desde montañas de madera. Cobardes, resguardados por débiles sirvientes y desobligados.

Libros.

Malditos y largos. Hirientes.

Mátenlos con plata, con sol. Quémenlos en la estaca y sáquenles el corazón. Páginas de mentiras para bañar mi filo.

Hoy mueren libros.

Una nube congelada me moja el bigote de luna, brillando a los ojos de Dios, que conoce la noche. Avanzo, sintiendo el piso encharcado, la puerta centenaria, el calendario de 1886. Desvío la mirada: leer es un acto divino que no merezco. Pero aún no es tiempo de vaciar mis ojos con este cuchillo. Primero, al horror plano.

Un monje de largos hábitos escudriña por vela y anteojo un cuaderno de papeles cebosos, amarillos. Bien: libros podridos por sus propias palabras.

Soy un aire, un ruido de la noche que lleva al hombre a la ventana. Aprovecho: tomo el más gordo, ofensivo y degradante volumen por su lomo y lo parto en dos. Un grito ahogado y las sombras grises lamen sus ojos. Entro de puntillas, sudoroso. Los hombres santos merecen muertes viejas, pero este ha protegido las páginas del idioma, la cuna de confusión, y por eso muere con sus páginas.

Libros.

De mi chaleco obtengo una pequeña bolsa que se mueve. La abro y la estrello contra una esquina: decenas de insectos amarillos salen a esconderse por los interminables pasillos de la biblioteca. Tomo la vela que el monje tenía encendida, y la acerco a varios tomos en las puntas de los corredores; con cuidado, las letras amenazan con dominar mi mente, símbolos sucios invocando ánimas dentro de mi cráneo. Hoy no, hoy ardan como el diabólico incienso que son, cuadernos de iniquidad. Los bichos levantan chispas al aire nocturno, y pronto la bóveda de falsa sabiduría se ve carcomida por los insectos que, apurados como lenguas de calor, destruyen con lava, baba y mordidas las páginas eternas.

Escalo hacia el techo de la abadía, saltando de cornisa a cornisa. Al fin, desde la entrada a mi laboratorio observo la confusión y muerte de la universidad. Las bestias que ladran de noche, aventando poemas y sofismas en las esquinas, alimentando las mentes podridas del hombre sencillo, ahora perecen entre llamas que no ven, quemados por dentro gracias a la línea impura que los conecta a los ejemplares carbonizados. Hombres, mujeres y niños explotan en brasas desde adentro, y aún en su ignorancia la magia oscura es derrotada. Yo, el Positivista, estaré para mostrar que la pura experiencia y experimento, de frente a los sentidos, es la única verdad real ante Dios.

Libros. Atajos del hombre, perdición de la memoria. La puerta ancha.

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Publicación en: Penumbria 49

Libros Cuento Seleccionado en Penumbria 39