Sueño I: Reflejos

Por Quidec Pacheco

Sueño que sueño y me veo soñar.

Me acerco a mi camilla, tengo ropas rojas y respiro con dificultad. ¿En qué estaré soñando?

Estoy bajo tierra, entre lodo y luces brillantes y portátiles. ¿Es este un hospital? Acaricio mi pelo rizado que cae por el lado de la cama, pero no puedo tocarme. Hay un olor a viejo y sudor seco, varias puertas para el cuarto y en completa obscuridad. Giro y cruzo los brazos.

Detrás de mi.

Estoy yo.

Soy yo mirándome soñar que sueño. Pero no sé qué tanto tiempo esa yo ha estado mirándome mirar que sueño. Tal vez, soy otro sueño.

Tal vez es ella el sueño.

Tengo que saber.

Me lanzo contra ella y la puedo tocar. Forcejeamos. Miro su expresión de terror, su confusión. No entiende por qué ella misma se quiere matar. Es porque sólo puede haber una, porque al despertarse yo desaparezco y mi existencia se diluye como vela sofocada. O tal vez es ella el sueño, y mi violencia no es más que un jugueteo inocente, una chance de matar sin matar.

La golpeo donde sé que siempre me ha dolido. Colapsa agarrando su costado y aprovecho para acercarme a una mesilla al lado de mi camilla. Tomo un bisturí y corro de regreso, lanzando mi brazo como la punta de un barco que se estrella contra el iceberg de su esternón. Grita, y quiere escapar pero la jalo del cabello. En un momento el agarre se convierte en llave, luego en homicidio.

Un hilo de sangre cae por donde le pasé el bisturí, bajo su quijada.

Se desploma llorando en el suelo, asustada, con la vida yéndose. Toco mi cuello, y también está sangrado. Camino de vuelta a la cama y me miro, tranquila, durmiente.

Sólo puede haber una. Tengo que ser real.

Mi mano se acerca a la garganta de mi yo recostada. Tan hermosa. Serena. Punzo en mi yugular con el bisturí.

Abro los ojos.

Estoy recostada en la misma habitación sucia, con una lámpara aquí y otra allá. Se siente bajo tierra.

Miro alrededor y no hay nadie ni nada. Me pongo de pié pero algo me pica en la planta del pié. Después de retirarla rápido, sentada sobre la cama de nuevo, veo la sangre salir del pequeño punto. Tanteo con la mano debajo.

Un bisturí tirado.

Pongo mi manto en mi garganta. Un punto de sangre.

No debo dormir. Tengo que salir de aquí.

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