9 ♣ – Un enemigo que no lo es tanto

Por Luis Marroquín

Es el final del octavo día y el Diablo consumió durante toda la noche la energía vital de un hombre santo.

Desgastado despierta con su cabeza recargada sobre el frío suelo de piedra, los ojos hinchados haciendo juego con la comisura de su boca manchada de saliva seca y los brazos contorcionados doblados incómodamente hacia su cuerpo. Todos los dedos del pie derecho doblados 90 grados claramente rotos y varias extrañas laceraciones en las rodillas y la cintura. Los rasguños y moretones multicolores sobre la espalda son la prueba clara de la lucha que sostuvo durante toda la noche. Abatido abre los ojos llorosos y con lentitud se reincorpora. Desnudo busca sus ropas rotas y se pasa la mañana remendando lo que puede y sacando retazos para envolver lo mejor posible los dedos rotos de su pie derecho. Ya vestido respira hondo, camina hacia la puerta gruesa de madera húmeda, abre el cerrojo y sale tranquilamente siguiendo por todo el pasillo el chillido que desde hacía un buen rato ya le había provocado una tierna sonrisa. Persigue aquel sonido, corre tras él, lo arrincona y juguetea sin cansancio hasta que alguien a lo lejos le grita sin cesar que se tome la molestia de pasar a tomar su desayuno.

En la noche ya en dirección a su cuarto, se detiene en el pasillo frente a la puerta. Aprieta los dientes, respira tranquilo disimulando un estrés heredado de días anteriores… Entra con decisión y frente a él, la ventana, la vela y una cama compuesta por unos despojos de paja sobre un tapete viejo. Da la media vuelta, coloca el cerrojo con decisión, pasa su palma por sobre su cabeza despeinando suavemente su rala cabellera. Busca agitado entre sus ropas un crucifijo que al encontrarlo sostiene con fuerza y lo besa mientras construye en su ser la imagen de su salvador extraída de aquel lugar místico de donde los santos encuentran su fuerza para luchar. En la vela, dentro de la tenue luz, sobre la lumbre a punto de sucumbir, sopla una obscuridad asfixiante, un susurro envolvente que transporta una petición a la que él sin dudar responde afirmativamente.

Se hinca, sus labios sueltos se agitan pronunciando con delirio frases de defensa en latín. Suelta sus hombros, coloca sus manos sobre su pecho y ubica dentro de su mente la imagen de un Cristo poderoso y resucitado.

– Adelante. Hoy tampoco podrás.

– Me encanta tu decisión. Crees que hay una fuerza divina en ti.

– No necesito creer aquello que ES…

– ¡HAY NADA! Dentro de ti hay una nada…

– En el nombre de Cristo resucitado…

(Interrumpe)

– ¡¡Era sólo un hombre tan estúpido como tu!! Sin ningún poder divino. Truquitos de magia que han adormecido todo un planeta por siglos…

– ¿Te molesta que hablemos de Él?

– Podemos estar molestos por errores del pasado. Tu supuesto salvador fue mi error. Tu Dios me engañó. Lo acepto. A ambos nos hizo creer que era su Hijo. El rabí fue bueno en su tiempo, pero sólo eso fue; alguien que supo hablar bonito y hacer trucos para entretener las masas.

– El poder divino proviene del poder de los actos y de las palabras.

– ¿Palabras? ¿De un libro escrito a medias cuyos autores jamás conocieron en persona a tu supuesto salvador? Puedo demostrarte la verdadera verdad de mis palabras. La Biblia no es más que un despojo de historias sin comprobar y buenos consejos…  Podemos seguir así por meses y años… Tu negándote y yo dispuesto a mostrarte las pruebas… Sabes que yo no me canso, tengo eso a mi favor, pero tu, tu tienes un limite. Sólo tengo que ser paciente y encontrar tu punto de quiebre.

– He ahí tu debilidad, la maldad no es paciente, se dispersa y desespera, sólo la bondad tiene la paciencia suficiente para adentrarse dentro del Ser. No eres paciente, sólo simulas serlo. Y como toda máscara, tarde o temprano caerá exponiendo tu verdadero rostro.

– Ya estas cansado… Déjame enseñarte, comprobarte lo que te intento decir. Mis palabras no son confusas, te haré ver la verdad. No necesitas tener fue en mi, yo me muestro y te lo demuestro. Yo no hago una creación para esconderme luego de ella y confundirla con mensajes del cielo que necesitan ser descifrados.

– En nombre de Jesús resucitado te ordeno…

(Interrumpe)

– ¡¿Quien eres tu para ordenarme?! ¡Eres nada! Descúbrete y entiéndete sólo como una creación olvidada y sin nada que ofrecer.

– Fui creado a su imagen y semejanza.

– Eres un juguete con una idea torpe en medio de la lucha de dos fuerzas creadoras. ¡Créeme! Ambos fuimos engañados. El tal Jesus no tuvo ningún poder… ¡Entiéndelo! Por tu bien y por tu paz. Esa es la verdad y yo puedo ayudarte a que salgas del error.

– Siento pena por ti, jamás serás una fuerza creadora capaz de enseñarme los secretos del universo.

–  Yo siento pena por ti, jamás serás una creación a su cuidado. Paso mis ratos libres tratando de entretenerme con sus vacías vidas. Fueron abandonados, el creador lo dejó para mi, para distraerme de otras creaciones con mayor rango. El humano es sólo un experimento que salió mal sin ninguna importancia cósmica. Son tan insignificantes como una hilera de hormigas que desaparecen al pasar un trapo húmedo sobre la mesa sucia.

– Sucia de almas confundidas.

– Tu burla es tu negación. Si uso mis palabras para convencerte es porque te niegas a que te lo muestre. Dios no es lo que crees, Jesús y las demás creaciones tuyas…

(Interrumpe)

– ¿Hablas del Espíritu Santo? ¿De la Virgen?

Una carcajada agita las paredes y lo despoja de las ropas que con dificultad sostenían sobre sus hombros.

– ¿Una mujer llevada a ocupar el nivel del mismo creador? Sólo a ustedes se les pudo ocurrir semejante blasfemia, el creador no concibe compartir su esencia. Déjame ayudarte a salir del error, podrás ayudar a los tuyos, podrás hacerlos entender y podrán entonces retomar el camino hacia una verdadera realización propia y podrán demostrarle al creador que no carecen de importancia y que pueden estar a la altura de los retos del propio universo.

– El pensamiento mío, todo lo que procede de él, y el pensamiento tuyo así como todo lo procede de él, sólo son posibles en el espacio creado para ello, ese espacio es Dios que se manifiesta.

– El pensamiento tuyo es tan imperfecto como la idea que tienes del creador. Mi presencia sólo es la muestra de ese Dios imperfecto que crearon. ¿Qué perfección necesita una contraparte para su existencia? Mi complemento era necesario. Yo soy lo que faltaba, yo soy lo que llena un universo donde ese todo, como lo llamas, no era suficiente.

– Dios es tan suficiente que permitió existieras no para llenar su supuesta carencia, sino la libertad que nos brinda para conocerlo desde cualquier perspectiva. Además, si eso que dices es verdadero entonces no serías tu una contraparte sino otra cosa, y nos estarías engañando y si nos estas engañando, me pregunto cual es tu propósito el tratar con tanto empeño de corromper a una creación “menor” como tu nos llamas. No te das cuenta que tu visión es valida porque Dios lo permite. Eres un peón en el perfeccionamiento de esta creación para alcanzar la perfección. Tienes un uso práctico. Dios puede ser sin ti, pero tu no puedes ser sin Él, y esta imperfección como lo llamas, es tan importante para mi como lo es para ti.

– Yo sólo busco ayudarte a salir del error.

– Te molesta que la fuerza creadora del universo haya colocado su semilla entre nosotros. Jamás podrás quitarnos eso, así que nos confundes y así olvidamos que la tenemos, pero jamás podrás entrar en nuestro ser y arrebatarnos algo que nos fue otorgado y que es parte de nuestra esencia. Te molesta que estemos a tu nivel y podamos ser parte del plan original de la creación. Te molesta nuestro lugar reservado a su lado. Te molesta que te haya degradado y a nosotros nos haya dado el perdón que tanto te niegas a pedirle. Tu orgullo te limita, mi imperfección me abre posibilidades.

Un silencio sepulcral, la luz de la vela desaparece con un susurro suave. Un grito desgarrador apaga el dialogo interno con el Diablo. Francisco cae al suelo convulsionando su cuerpo y desgarrando las pocas ropas que le quedan. La vela se enciende y apaga un par de veces. Desde la ventana una paloma observa envolviendo el cuarto con una extraña y suave luz.

De mañana. Despierta y busca los restos de ropa por todo el cuarto. Logra vestirse con los retazos. Se hinca y comienza a pronunciar sus rezos en latín. Termina y añada una frase que es casi un susurro.

– Nueve días Señor, van nueve días…

El chillido suave del día anterior le da los buenos días. Se levanta juguetea con esa dulce creación con alas y el santo platica emocionado su encuentro con una fuerza divina que deambula confundida tratando de confundir a otros. Piensa que tal vez la plática le haya aclarado un poco el verdadero sentido de lo que es Dios en un ser humano. El chillido repiquetea en su espalda y comienzan los dos el día jugando hasta que otro monje en la abadía los reprende y les pide hagan silencio.

***

Un algo se encuentra entre el espacio infinito, vibrando, agitándose, existiendo en un pasado, en un presente y en un futuro. Girando en si mismo con la ayuda de si mismo. Siendo y sabiéndolo todo y conociéndolo todo al mismo tiempo. Otro algo menos intenso expulsa una parte de si y ésta se vuelve parte de ese primer algo, una parte que aunque ya era propia de aquel algo, se extrajo de si mismo para aprender aquello que, aunque sabiéndolo, escogió que era mejor que fuera dicho por una extremidad no alejada de su todo, parte que aunque es diferente, sigue siendo igual a Él mismo y cuya opinión sobre las existencias de la creación jamás minimiza su opinión libre y autónoma. De lo recolectado en la pasada experiencia, esto es lo que traducido a un lenguaje entendible, se compartió el Todo a si mismo.

– Un alma intensa para lo que estoy acostumbrado. Me debatió con recelo y la idea del salvador es inamovible en él.

– ¿Cómo manejó la duda de la ausencia de pruebas a un nivel intelectual.

– Supo defenderse. En los nueve días jamás cedió y construyó argumentos propios no basados en intuiciones ni desesperaciones. Controló sus emociones y siempre, fue lo que más me sorprendió, fue cortes conmigo. Me respetó y puedo llegar a la conclusión de que estaba seguro que todo el tiempo estuvo frente a una prueba.

– ¿Está listo?

– Está listo y tiene todos los elementos que buscamos.

– ¿Puede pasar al siguiente nivel de realidad?

– Al principio será difícil pero lo sabrá llevar. Es capaz de soportar el conocer la verdad.

– Siempre es complicado cuando el ser físico material se expone a la materia divina. Son pocos los que logran deambular por el camino del Todo.

– ¿Para qué tanto esfuerzo por hacerlos entender?

–  Tu mismo lo haz dicho, son una creación menor, más no por eso dejaré de intentar traerlos de regreso.

– Tan lejos se encuentran de la fuente, no alcanzo a percibirlo.

– Más lejos de lo que creí algo pudiera llegar a estar.

– Y es doloroso.

– Si, los necesito aquí conmigo. Son parte del todo que por alguna extraña razón, olvidaron que lo eran.

– ¿Un santo a la vez?

– Un santo a la vez…

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