2 ♥ – La Esfera

Por Luis Marroquín

Sus manos desnudas comienzan a respirar incomodas. Se detiene, da la media vuelta y entre cierra los ojos. La estructura de la nave tiembla con una suavidad imperceptible que se extiende largo rato hasta convertirse en un cosquilleo incomodo sobre las plantas de sus pies. Camina incomodo al escuchar y sentir la obligada vibración provocada por un intenso ruido ocurrido sobre la pared externa de la nave. El temblor desaparece y el silencio total consume sus pensamientos con el recuerdo fresco de ese sonido seco y hueco que estremece sus espinas. Levanta la mirada sin mover su cabeza y contiene la respiración esperando la alarma de emergencia. El silencio golpetea sobre sus tímpanos como dos vaquetas sobre un tambor. Camina despacio por el pasillo hasta alcanzar la estación individual de comunicación. Avisa a la sala de control y pregunta sobre algún evento extraño sucedido sobre el casco de la nave cerca de su sección. Insistente les pide revisen los sensores externos. Lo hacen. Espera un tiempo mientras le reportan los resultados. Escondido entre las costuras del silencio y deambulando perdido en la memoria de sus tímpanos, reaparece como el eco de un fantasma la presencia de ese golpe seco y hueco. La estación de comunicación presenta en una pequeña pantalla monocromática los resultados del análisis hechos a la superficie externa de la nave. Nada. Reflexivo cierra los ojos, pasa su mano acariciando su cara en un intento inconsciente por suavizar la tensión en sus mejillas y decide, con un movimiento suave de pies, continuar con sus quehaceres.

Un rechinido entrecortado aparece queriendo formar parte de los sonidos propios de la nave. Detiene su andar y entrecierra los ojos esperando reducir cualquier contaminación que pudiera dificultar el reconocimiento de este nuevo ruido que descubre ya, es diferente al golpe seco y hueco que percibió antes. Se encamina hacia la estación individual. Se acerca a la pared, gira la cabeza, dirige su oído hacia la fría pared y las micro-ventosas se adhieren formando una unión, entre oreja y metal, casi perfecta. Escucha por un buen rato con los ojos cerrados y la lengua de fuera. Duda en mandar de nuevo la alerta. Espera a que los sensores de la nave reciban algún tipo de información. Nada. Con incomodidad toma de nuevo la decisión de continuar con sus tareas en el almacén.

El aislamiento en esta parte de la nave lo ha hecho sensible a ciertos eventos, y esta vibración no deja de aturdirlo mientras realiza su trabajo entre los largos y solitarios pasillos. En esta ocasión confía en los sensores más que en sus propios instintos aunque el rechinido se ha vuelto más presente y se está convirtiendo en una constante incomodidad. Tratando de ignorar el hecho y con los hombros repletos de carga, camina lento y refunfuñando al intentarse aclimatar a un leve cambio en su respiración. Se detiene, deja la carga tirada en el pasillo y aspira y respira lo más fuerte y rápido que puede. Un miedo explota sobre su pecho al descubrir una verdadera dificultad para succionar el aire suficiente hacia sus pulmones. Aturdido, pero aliviado al ver que la nave ha reaccionado, corre hacia la estación de comunicación tratando de averiguar el significado del griterío sin control de las alarmas. Su traje hecho de tela espacial de un color verde añejo, comienza a sincronizarse con la información enviada por la nave y de la espalda comienzan a aparecer una una serie de hilos que rodean su cuello construyendo una protección, al mismo tiempo se edifica rápidamente una defensa sobre sus labios y son introducidos casi al instante unos tubos delgados que ya dentro, sellan completamente los orificios de la nariz. Atrás en la espalda se infla una bolsa como una vejiga que resulta ser la parte que contiene la reserva de oxigeno necesario para respirar. Recupera el control y el miedo es atacado con una sustancia que el sistema de supervivencia inyecta automáticamente en su organismo.

En la estación se comunica con sus compañeros. Ellos exponen en la pequeña pantalla monocromática toda la información referente al evento, envían las coordenadas y una serie de instrucciones para realizar las reparaciones pertinentes. Con la información cargada en su brazalete se encamina hacia el área de carga y descarga, hacia una pequeña puerta localizada al lado de la puerta principal. Sale hacia el vacío del espacio. Una obscuridad y un silencio total. El tamaño de la nave es descomunal; avanza hacia donde le indica una punto intermitente una pared tan grande que no alcanza a vislumbrar el punto en el que ésta termina. Pareciera una placa sin fin construida de un material parecido al metal, sin juntas visibles, se percibe la ingeniería al tocar con la mano desnuda y percibir los micropuntos de unión molecular. Una tecnología que la naturaleza les heredó y ellos supieron descifrar.

Deambula sosteniéndose con sus manos desnudas sobre la superficie, definiendo él mismo el camino a seguir gracias a las uniones microscópicas de las planchas de metal. Sus pies ayudan a tomar dirección y sus manos a mantener el empuje constante. El vacío espacio no era problema de presión, sino de respiración. Sus células podían mantenerse unidas al estar expuestas a la nada, algo que heredaron de sus antepasados, mas en su sistema era necesario el oxigeno para mantenerse con vida.

Delante, aparece un chipote sobre la limpia cubierta de la nave, algo extraño en el diseño. Se acerca con precaución y descubre una esfera metálica perfectamente incrustada en el casco de la nave. Una esfera que a simple vista era de construcción artificial. Había varias marcas en la superficie de esta. Una abertura permite se escape el oxigeno de la nave. Con un par de herramientas y un brazo robótico de consistencia pegajosa logra retirar la esfera y reparar el agujero. Al levantar la esfera, esta queda varada en el espacio, flotando a unos metros de la nave, extraña, como con miedo de alejarse. Él en ratos voltea, mientras trabaja en reparar la nave. Voltea y la descubre, detrás de él, observándolo, presenciando o tal vez esperando a que terminara sus deberes.

El brazo robot pegajoso llena de una sustancia parecida al chicle la abolladura, Esta se endurece y comienzan entonces a pulirla. Después de un muy largo rato, la marca del accidente parece haber desaparecido. Él se adhiere de nuevo a la superficie de la nave con sus manos y con sus pies y se encamina hacia la escotilla para entrar de nuevo. Voltea hacia donde esta la esfera que todavía mantiene su órbita cerca de él. Flotando, sin perder su lugar a la deriva parece ir acompañando a la nave en su camino. Se acerca a ella, saca un scanner radial y analiza todo lo analizable de ella. Todo tipo de contaminación, radiación, incluso de transmisión de enfermedades de todas las especies analizables. Nada. Se acerca con algo de temor, acerca su mano y la toca y sus ventosas en la palma se adhieren a la superficie de una manera sutil, suave y hasta placentera. Asustado separa la mano y la analiza de inmediato con el scanner. Su mano y toda su estructura parecen estar en orden. Abre la escotilla y entra la nave.

Con el brazo robot pegajoso la sostiene desde adentro de la nave y la lleva hacia el área de carga y descarga, ahí la introduce y la vuelve a hacer el análisis completo no una, sino hasta cinco veces mientras mantiene con un guante esterilizado la mano con la que ahora molesto por haberlo hecho, había tocado la esfera. Decide poner en cuarentena el objeto y ponerse el mismo. Informa a sus compañeros que hubo un detalle, un objeto chocó con la nave, que ya está resuelto pero es importante mantener la seguridad de los tripulantes y la de él mismo. Nadie, bajo ninguna circunstancia debe hacer contacto físico con él.

Las horas de descanso parecen alargarse en momentos y acortarse en otros. Cierra los ojos al reproducir la presencia inmóvil de la esfera frente a él y frente al vacío espacio. Afuera, envueltos por la nada, hubo un algo que lo obligó a acercar su mano y hacer contacto con el objeto. Entre la construcción obviamente artificial de la esfera, descubrió una figura que no alcanzó en ese momento a comprender. Unas formas dibujadas sobre la superficie, finamente talladas, meticulosamente formadas y construidas. La esfera en si, percibió, fue el pretexto, para quien sea que haya sido su creador, para transmitir ese mensaje que en su mente presente, no tiene manera de descifrar pero al mismo tiempo transmite una esencia ignorada hasta ahora.

Duerme constantemente esperando descubrir en sus sueños alguna pista. En su encarcelamiento auto infringido, decidió no hacer de nuevo contacto con la esfera. Pero dentro de sus sueños, la presencia de aquella figura finamente construida sobre la superficie de la esfera, finamente tallada es una constante que no puede evitar.

Aquellas lineas talladas despiertan su ensoñación, duerme para averiguar. Y con la mente perturbada, sale de su encierro y corre hacia la terminal individual y comienza una búsqueda exhaustiva de aquellas formas sin sentido. Nada. Manda una alerta a sus compañeros. Ellos el regresan el mensaje.

– ¿Qué sucede?

– Necesito investigar algo. ¿Pueden ayudarme a conectarme con la Enciclopedia Galáctica?

– No estamos en posición para acceder a la Base de Datos. Tendríamos que cambiar de curso. ¿Qué tan urgente es la búsqueda?

– Tiene que ver con la cuarentena.

– Reconfiguraremos la conexión con el planeta, pero tardará dos semanas.

– ¿Es lo mejor que se puede hacer?

– Es lo mejor que se puede hacer.

– Entendido.

– Muy bien. Nosotros te mandaremos el aviso cuando esté listo.

La espera es larga y tediosa, la espera es extensa y cada día que transcurre viene cargado con el falso despertar de una luz simulando el sol de la mañana. Cada día pasa cerca de la esfera y toca la pared que la separa de él. Sus ventosas en la mano se adhieren al metal de una manera normal, no como lo hicieron con la esfera. Frustrante. Camina una y otra vez. Se ha retirado el guante de su mano y se permite deambular por todo el almacén sin ningún tipo de protección sin respetar las reglas propias de un evento como este. A la semana decide abrir la puerta y observar la esfera. Antes de hacerlo corre una serie de análisis de nuevo, pero no encuentra nada que no haya visto ya. Analisis tras análisis. Manda un mensaje a sus compañeros pero todavía no terminan de hacer el ajuste que le permitirá entrar a hacer ese análisis de la superficie más a fondo.

Abre la puerta para entrar a la sección donde está suspendida la esfera. La observa y se concentra en las lineas finamente marcadas que forman una figura que acaba de definir pudieran ser dos figuras pero unidas para formar con esto, creé él, un significado diferente al que si las figuras estuvieran separadas. Observa pero no se acerca y aunque las ganas de volverla a tocar son muy grandes se detiene y clava más sus ojos para buscar en cada parte de ella algo que le pudiera dar un indicio de qué es lo que está frente a sus ojos.

La estación de trabajo individual hace un sonido que lo saca de su concentración, los compañeros le avisan que la conexión está hecha y que puede accesar a gran parte de la Enciclopedia Galáctica. La búsqueda será lenta pero posible.

En la estación intenta reproducir en pantalla aquel dibujo, más sus intentos traen como resultado diagramas internos de especies antiguas. Aparece la anatomía de animales y de otros seres desaparecidos en el sistema solar. Comienza a cotejar los resultados con posibles significados bélicos, tal vez armas de destrucción masiva. Nada. Analiza el elemento formal de los resultados pero sólo recibe tratados de medicina de una antigua civilización que mantuvo su presencia a orillas de la galaxia por un muy corto tiempo. Y comienza a predecir que el objeto es mucho más viejo de lo que él mismo creyó. Analizó la composición molecular y la construcción parece más compleja de lo que creyó. Hace un escaneo más profundo para identificar partes internas. Descubre un compartimento en el centro de la estructura. Debe existir una manera de abrirlo, pero el abrirlo pude traer consigo otro tipo de cuestiones. ¿Qué hay adentro? Por más exámenes que se le han hecho pudiera aparecer algo que sus aparatos no identifiquen. Sigue la búsqueda y de pronto añade una variable que le llama la atención. Coloca la búsqueda en el rubro de fantasías y eventos inexplicables. Entonces la forma comienza a aparecer en su pantalla en miles y miles de variables diferentes. Aquella forma entrelazada era el corazón de un ser humano habitante de un planeta azul hace cincuenta mil años. El corazón de otro ser vivo que identificaba la existencia de ese órgano con una esencia que jamás pudo ser comprobada, una ilusión que, según la Enciclopedia, lograba mantenerlos juntos pero que al final de su existencia la misma búsqueda de esa fuerza los destruyó.

En la esfera está la forma estilizada de dos corazones entrelazados. Y en el centro de la esfera descubre algo que le parece completamente fuera de lugar. ¿Quien en su sano juicio permitiría le extirparan un órgano vital y lo lanzaría a la deriva para deambular por el espacio? Lo único que provocó fue el objeto chocase con la nave y que él tuviera un aislamiento forzoso. Aun así al tocar la esfera hay algo que lo incomoda. Al ver los órganos dentro de la esfera y extraerlos los descubre perfectamente conservados. Son dos. Dos corazones que no tienen ninguna utilidad más que tal vez por un estudio arqueológico sobre un planeta que ya no está más.

Decepcionado termina su cuarentena, platica a sus compañeros lo sucedido y le dan la libertad a él de decidir que hacer con lo encontrado. A nadie le sirve de nada.

Se acerca a la esfera y la toca una vez más, siente algo suave en su pecho, como una sensación entre dolor y bienestar. Decide quedarse con la esfera y dar una oportunidad más a que aquel objeto le enseñe tal vez algo que no logra comprender. Se considera alguien paciente. Y mientras se retira para continuar con sus quehaceres en la nave, camina por el pasillo con un semblante diferente, con un cosquilleo en las manos, con esa sensación de dolor y bienestar y con una duda en la mente. No lo sabe, tal vez en algotro momento pueda definir aquella información que le brindó la Enciclopedia Galáctica y logre comprender porque esa raza sucumbió ante el confuso, extraño e indefinido concepto de amor.

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