Beso 33: El Ampersándico

-Es mucho et, mucho ampersand… ¿me entiendes? ¿sabes lo que es?

Gus miraba horrorizado las tachas que su jefa vieja y urgida disparaba sobre su limpio, pulcro, impecable trabajo. Con cada cruz, un borrón con grasa, presumía corporal, aunque bien podía ser de los tacos que tan sonora y lánguidamente masticaba.

-Así no Tabito, esto no va a jalar para editorial. Único jale importante que te doy y luego luego la cagas -Aleyda tosió, aventando un muy visible gargajo por el aire hacia la manija de la puerta minimalista y transparente- hazlo otra vez, y sin errores porfa. Quítale toda esa garigoleada, no llama la atención de los lectores.

-Gustavo.

-¿Eh? -se acomodó los lentes gruesos, haciendo notorio el sudor atorado en su bozo-

-No soy Tabito. Gustavo, por favor. -dijo el chico, apretando con una mano la hoja corregida, mientras con la otra estiraba el suéter en un visible cóctel de inseguridad, deshonra e irritación. Acto seguido, marchó a la puerta con pisotones como queriendo que se escuchen pero sin ser claramente audibles (de esos que se le dan a los jefes incómodos), y antes de abrir la puerta, se detuvo con los dedos flotando justo encima del casi olvidado gargajo, y haciendo del documento un guante, abrió la puerta disgustado para correr a cubículo, y terminar antes de las siete de la noche.

Ya frente a la pantalla, se susurró comentarios ácidos y con humor pretencioso dejó una estela de &&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&& en el documento. Se frotó los ojos enérgicamente, y cuando estuvo seguro de que el coraje se había esfumado, borró la línea de caracteres. O bueno, creyó borrarla, como tantas cosas se creen, definitivas. Presionó unas 8 o 9 veces más, hasta darse cuenta de que la perseverancia de intención no era directamente proporcional a la obtención de resultados deseados. Pensó en lo sesgado que había estado su razonamiento, cómo se avergonzaría de que los lectores de su blog se enteraran de semejante neanderthalidad, y poniendo su mejor cara culta, se abajó para revisar la conexión del teclado al cpu; todo bien, y sus fans no tendrían que enterarse jamás.

De regreso a la tecla de retroceso… y nada. Movió el ratón, pero el puntero respondía, así que no podía ser la computadora. Hizo click en el botón de ampersand de nuevo, y escribió. Cerró los ojos en fastidio, y se apoyó sobre los codos, dándole un vigoroso masaje a sus sienes, justo como su jefa le decía que no hiciera. Entonces, sintió cómo el monitor se movía, un mecerse casi imperceptible. Levantó la cara, y en ese mismo instante, la pantalla plana tocó sus labios.

Luego, el monitor volvió a su lugar, pero había un sonrojamiento -podía jurarlo- en las “mejillas” de su pantalla. Él también se sonrojó. La mañana siguiente, su jefa lo despidió -en parte por no eliminar los ampersands, en parte por hacer un explosivo comentario sobre su bozo y el aceite que manaba de su olorosa epidermis- pero eso no le importó a Gus, que fue a convertirse en un poeta, dejando por completo el trabajo editorial.

Le parecía que la vida era un enunciado continuado, sentía que le faltaba vivir una cosa & otra & otra & otra…

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