Beso 32: El Acústico

Es posible seguir el sonido en sueños, por que el sonido es vibración, movimiento. Si algo abanica cerca de ti, si algo se mueve mientras duermes, no despiertas. Si algo huele mientras duermes, sabe mientras duermes, no hay tanta probabilidad de que te ponga de pie.

Ah, pero un sonido… un sonido es movimiento. Un temblor que te sacude y te levanta, a pesar de no poderte empujar. Un grito en medio de la noche que te estira como horca pronta, como estaca empalando… y no te toca. Empecé a despertarme con moretones en el cuello y mis labios hinchados, por allá de julio. Aún intento detener esto, a pesar de que desde entonces y mucho tiempo antes de que comenzara, he vivido y dormido solo.

Alguien me explicó en un bar, mientras lloraba por no querer regresar a casa a dormir, con terror bajo mis uñas, ahogado en cranberry vodkas, que el sonido es un misterio. Es decir, la vibración está siempre viva, siempre existiendo, nuestros átomos son espacios vacíos con cosas que se mueven tan rápido, que ni siquiera deberían de calificar para cosas. Entonces ¿cómo me va a asustar un sonido? Es como tener miedo de mí mismo.

Pero a pesar de repetir el mantra todas las noches, algunas veces despertaba, y mi cobertor estaba del otro lado del cuarto. Otras veces, amanecía desnudo. Me grabé a mí mismo dormir, pero el video se viciaba llegada cierta hora, “una malfunción del audio” me decían, al intentar repararlo.

No sentía dolor. Al contrario, era placentero, pero también raro. No es algo que quisiera contar a nadie, por eso prefería no tener nada que contar, llevar una existencia inaudible suele ser una bendición por mis lados. Por eso consideré perfectamente normal que, en un visible arranque de enojo y confrontación, me grabé a mí mismo durante ocho horas completas, dando razones por las cuales el sonido debería dejarme en paz, no regresar, no molestarme de noche. Luego, al dormir, dejé la reproducción en volumen alto, dentro de mi cuarto. En la mañana siguiente todo estaba en su lugar, y las vibraciones se habían ido.

Así pasé varias semanas, pero entonces, como ahora, hay cosas en la casa que se caen sin razón. Cosas que ruedan por las escaleras, hojas desparramadas y puertas abiertas. Es cuando sé que se está impacientando. Siento que abanica cerca de mí, la huelo, la saboreo. Comienza a ser real. Entonces, esas noches, apago la reproducción, y con el tiempo decidí que no me molesta en absoluto ceder de vez en cuando al vacío tembloroso, al temblor que me sacude, al grito que me estira como horca con sus manos en mi cuello. A la cosa que no debería ser ni cosa, y dejarla que, de vez en cuando, sea algo.

Después de todo, sólo son sonidos.

Escríbeme algo

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s