Beso 28: El Rampante

“Nora, ya termina” la voz le temblaba. “Salimos en segundos” abría y cerraba sus manos alrededor del bastón osculatorio. Nora, con sus cabellos al hombro, y una que otra raíz verde en la melena roja terminó de hacer click en la bota derecha “no te sulfures, weon”.

La Internacional Osculatoria llega a su punto más álgido amigos, con una semifinal que arde con décadas de odio: Amapolas Binacionales contra OC Ósculo Onírico. Yañez está reacio a aceptar la mala racha que sus Oníricos llevan desde hace meses. Tú que eres oriundo de la región binacional, ¿qué dices a esto Raúl?

La luz del estadio ardía en la cara. Nora marchaba hasta colocarse con las puntas de los pies un poco salidas en el área ofensiva del tazón. César parpadeaba mucho, las gotas de sudor ya le habían llenado la ceja y no dejaba de apretar su bastón defensivo. “Rodrigo” miró a su compañera con ojos muy abiertos. El reloj contaba diez segundos. Luego nueve. “No te me arrugues. Lo tengo al callo”. El chico moreno asintió como aquellos juguetes que se ponen en el tablero de los autos. Moviendo la cabeza, no por voluntad propia, sino por la turbulencia del camino que alguien más conduce, que otro lleva.

Incandescentes rayos, tintes verdes y amarillos cubren la hendidura circular del piso, sólo alcanza a ver unos rasgos de las caras contrincantes, pero eso basta: Estas luces movedizas son más que útiles para Nora, y el público ardiente lo verá. Las dos atacantes toman la cápsula de su cinturón y remojan sus labios en el contenido. Suena el timbre y baja deslizándose por el suelo ferroso y curveado, evadiendo un pequeño montículo y agachándose a la vez para esquivar un círculo centelleante disparado. Se pone en cuclillas y junta sus labios. Lanza un beso tronado que vuela como flecha hasta el torso del chico con red en el equipo contrario. Sangre, y el tablero se ilumina con un punto.

“No tenemos que ganar Nora, sólo no perder. Recuerda” le grita Rodrigo, que atrapa uno de los besos con su red y lo devuelve a la chica en la rodillera, haciéndola perder equilibrio. A Nora no le importa salir victoriosa, a pesar de no necesitar los puntos. Lanza tres besos seguidos mientras gira alrededor de la chica, y los mismos rompen su casco, y le arrancan un dedo. Ella se rinde, y Nora se le encima para reventar su cara con un beso final. Suena el timbre y la rede de Rodrigo cae sobre su cara. La otra chica sobrevive.

“¿Por qué siempre tienes que detenerme como apestado? La gente sabe a lo que entra aquí, weon”. Ella se quita el equipo. Descalza es mucho más pequeña que Rodrigo.

“Es un deporte Nora. Juegas para ganar, no para matar”.

“¿Ah no?” dijo ella susurrando, mientras le rodeaba el cuello con sus brazos, “¿y por qué no? La gente ocupa aperrados”. Rodrigo suspiró, pegando su frente a la de ella. Avanzó para besarla, y sus labios brillaron azul. Los de Nora también brillaron, pero al tocarse, un pequeño vapor salió expulsado, y los colores bajaron.

 

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