Beso 26: El Increíble

“Hablan de besos y de labios y amor, pero nada de eso lo entiendo yo” dijo Evelin frente a los asistentes. Algunas miradas desaprobaban, otras miraban los panfletos preocupadas por no responder lo que no sabían. Dentro de algunas señoras amargadas crecían palabras viscosas y calientes, palabras para carbonizar al primer oído que se prestara de recipiente. Era una mezcla de incomodidad y… no, básicamente incomodidad.

“Hermana, déjate besar en tu interior, y verás que la gracia onomatopeyática te bañará como sagrada saliva”

Todos los asistentes hicieron un sorbido de saliva en sus bocas, una respuesta de fe.

“Pero… sí, entiendo lo que hablan del amor, de las lenguas, el paladar en los cielos y todo eso. Es sólo que yo nunca he dado un beso, ni recibido uno. No tengo nada con qué comparar”.

“Todos hemos sido besados hermana, desde nuestros días de obscuridad”.

Evelin se sentía cada vez más incómoda. Tuvo que elegir este día para hablar sus dudas, el día en que Rogelio fue con su familia al templo por primera vez.

“¡Bruja! ¡Es una ladrona de besos! Si fuera tan pura como dice, no se avergonzaría del Gran Ósculo”. El volcán hizo erupción y manchó su vestido de flores verdes con vergüenza. Roja, candente vergüenza que quemaba la tela y ardía más allá de su piel. Se sentía arder, y corrió por el pasillo principal. El largo, infinito, pasillo principal, rodeada de miradas acusatorias, o de las nucas de quienes no querían condenarla ni defenderla.

Evelin respiró el aire puro fuera del templo, pero exhalaba lágrimas, gemidos, tartamudeo y tos. Salir de un horno para sumergirse en agua helada y cristalina, que le arrancara el dolor con menos dolor. Después de unos minutos en las escaleras, escuchó el canto del coro, se acercaba la prueba labial de cada domingo. Sabía que no podía participar de la prueba hasta que tuviera su primer beso, pero a los 17 años sentía que la vida a veces te prepara para que tengas fe, y a veces no.

Una luz resplandeció. El sonido del coro se hizo más intenso, punzante. Un chico de su edad frente a ella, como ella pero en otra vida. Se acercó a su boca, con lo que ella sintió que era su boca, pues los ojos le dejaron de funcionar para ver. Sólo percibía con su espíritu lo que doblaba la realidad a unos milímetros de su cara.

Un beso profundo, que conectó cientos de besos en la historia y los descargó en cada átomo que conformaba su boca, hasta los espacios vacíos, hasta su dimensión espiritual. Le dio gusto poder sentir todo eso, quería decir que los libros de química y física que tanto amaba le habían servido. Un frío crujiente adentro de sus sentimientos separó el beso al final. El chico iba desapareciendo, alterando el tiempo de manera que nunca hubiera estado allí.

“¿Cómo te llamas?” le gritó antes de que se fuera.

Aliud“. Se desvaneció de la realidad, dejándole la memoria de un espacio doblado sobre sí mismo y el único beso de su vida.

Unos segundos después, Rogelio salió por la puerta, antes de que acabara el rito. Abrazó a Evelin sin respuesta. Pasó un momento prudente, y se acercó para besarla decidido, pero ella lo rechazó volteando su cara. Tenía la vista en el vacío y parecía extasiada.

“Eve, ¿qué pasó? ¿Lloraste?”

Sin respirar, quieta y preciosa como piedra ónice formada por siglos de trabajo divino, contestó.

“Admito haber sido incrédula Roger, pero, por primera vez en mi vida, tengo fe”. Miró la nariz ancha y las cejas pobladas del chico, finalizó.

“Y no se trata de recibir una respuesta. Se trata de darla”.

Escríbeme algo

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s