#41: Hierba Muerta

“Ella. Le dicen La Lengua“.

El indígena llegó cojeando hasta la celda de la joven, que se encontraba con otras chicas en la esquina del calabozo sobre un navío, y forzó la cerradura. Todas comenzaron a salir, pero él detuvo con violencia a Malintzin, y arrojándola contra la pared, sacó una navaja de ónice. Ella temblaba pero la mirada del hombre era vacía, absorta. Enterró su cuchillo en el estómago, y sacó de él una bolsa de cuero que entregó a la belleza morena antes de morir desangrado en el suelo. La abrió. Era una perla verde, perfectamente redonda, y notó que dejaba manchas en sus dedos: la tragó sin pensarlo dos veces y un dolor en su columna la retorció, ninguna pitoniza la pudo haber preparado para las místicas cantidades de dolor que recibió en esos pocos segundos, sintió revolvérsele la sangre mexica con la consciencia, y se perdió en una niebla de olor a muerte y polvo de jade.

Cuando se puso de pié, flotaba entre nubes púrpuras, con la bóveda negra encima: unos cuantos luceros iluminaban el rostro de la serpiente emplumada que levitaba frente a ella.

“¿Quetzalcóatl?”

“Yo soy. Hierbecilla muerta, te mostraré por qué mueres. ¿Estás ansiosa?”

“Lo estoy. Muéstrame”.

El dios la rodeó y al tenerla en su espalda suave, sujetada del penacho delicado, emprendió el vuelo: Malintzin sentía los siglos atravesársele, como flechas que la destripaban, pero en vez de eso, la unían más. Llegaron al futuro con mares de piedra, cielos oscuros, y tabletas gigantes de metal con ruedas. El mismo sol quemaba igual, así fue como supo que estaba en la misma tierra.

“Háblame Quetzalcóatl. ¿Esto qué es?”

“Esto es tu legado. Hombres que mienten y traicionan, que ejecutan sin honor, sin fruto. Nada viene de sus muertes más que muerte. Vidas que no se vierten en la tierra, como guajes cerrados, hombres como cuartos sin puerta”.

Malintzin se quedó mucho tiempo observando a las personas caminar como hormigas debajo de ella. Había piedras altas, que tocaban el cielo, parecían cristales negros, rojos, celestes. Había pequeñas chozas de roca que se extendían hasta el horizonte: sin lagos, sin árboles, sin frutos de la tierra. Lloró un poco. Luego preguntó:

“¿Yo hice esto?”

“Todavía no. Ven, hay otra cosa que debo mostrarte”.

Volvieron a elevarse sobre las nubes, y sintió el universo metérsele por los orificios de la nariz y llenar su cabeza. Paz.

Al bajar de altura, vio pirámides hasta donde se extendía la vista. Los árboles, aunque gigantescos, estaban secos: ahogados con la sangre de miles de personas. Miraba al suelo, que se encontraba abajo tan pequeño, y lograba ver los ríos de sangre que corrían entre las chozas. Los edificios eran de rubí, zafiros, jade, y los triángulos que resaltaban en el horizonte: plateados. Unos truenos la hicieron levantar su vista: lluvia roja. Le manchaba la ropa, las manos, el plumaje tan hermoso y multicolor de Quetzalcóatl se teñía de sangre.

“¿Yo hice esto?”

“Todavía no. Tienes que elegir a tu campeón Hierbecilla muerta. El futuro es la destrucción, tú sólo eliges cómo llegar a él”.

Una bofetada la trajo de regreso: el carcelero, un español maloliente y flacucho, la trajo del brazo y le preguntaba cosas en otro idioma. Sacó de su camisa una cartera que contenía papeles con sellos de cera. Abrió uno y sobre la mesa tomó una pluma y expectante la sostuvo sobre una línea vacía. El español preguntaba algo, parecía esperar la respuesta de Malintzin para continuar, y asumió que era su nombre. Lo dijo en voz alta, pero el español, en pedestre error, escribió en su contrato esclavista “Malinche”.

Palabras para la próxima semana: Carta, Aluminio, Abanico

2014-07-03 01.08.40

Escríbeme algo

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s