Beso 19: El Sellado

Elisa besaba los sobres que mandaba. En la oficina de correos de México no se palpaba el amor, o más bien, todos estaban con sus jetas impresas en una pulpa inolora, incolora e insabora: Personas auténticamente aburridas, y no como cuando tienes muchas cosas que puedes hacer pero no quieres, ni tampoco cuando tienes demasiado cansancio como para lanzarte a hacer algo que te pide una inversión existencial. Este era el verdadero aburrimiento: el que te chupa como una trituradora de oficina, monótonamente, imparable. El aburrimiento que te provoca abrir y cerrar el mismo cajón cada tres segundos, sólo para ver si la vida cambia, luego miras a tu izquierda y la recepcionista se saca un moco; en la derecha el gordo de la oficina se rasca la papada y se acomoda los lentes para sorber su sopa de fideos. Elisa sabía que se volvería loca si pasaba un segundo más esperando a que sucediera algo, así que sacó su labial, se pintó de un contrastante carmesí, y empezó a besar sobres.

Sobres para la abuelita, sobres para auditorías, sobres para el padrastro y para el cateo oficial por posesión de drogas. Todos recibían un beso rojo en la envoltura de sus asuntos, seguido por preguntas interminables, y a veces, amores reencontrados a base de ósculos malinterpretados. El besuqueo irresponsable de Elisa estaba conmocionando al pequeño pueblo que aún dependía de su correo escrito para comunicarse, y mientras sus misivas se sobrecargaran de eléctricos cariños anónimos, lo único que quedaba era quemar hasta el suelo la oficina de correos junto con quienfuera que besaba sus cartas, porque eso hacen las chusmas enardecidas.

Unas horas antes, los compañeros de Elisa la felicitaban y le entregaban un hermoso pastel, horneado con pétalos de rosa y de un rojo llameante y fosforescente. El gordo no pensó en otra cosa mas que en la carta marcada con unos labios pasionales que recibió la tarde de su ya planeado suicidio. Y no sintió esperanza, sino posibilidad: Alguien lo quería en su vida, así que el constante ensueño por conocer a la susodicha lo distrajo de la mayoría de sus actividades -que se reducían a comer- así que un esbelto hombre de anteojos abrazaba y reía con Elisa por el curioso malentendido. También la secretaria dejó sus malos hábitos -entre los que se encontraba una impuntualidad abismal- para convertirlos en actos longánimos, después de que la secretaría de hacienda hubiera declarado implícitamente su amor por las contribuciones que ella tanto tardaba en entregar con un jugoso beso gubernamental. Ahora, con sus deudas liquidadas en todas las instancias administrativas de las que participaba, e incluso mejores oportunidades en el buró de crédito por su cambio tan radical, le agradecía a Elisa con una dotación de productos de belleza, adquiridos con el nuevo y perfecto historial crediticio.

Es en medio de los cantos y las confesiones inocentes de Elisa, que la puerta cetrina y transparente de la oficina se rasgó en dos, y las llameantes antorchas entraron de una por una.

“¡Alguien está jugando una broma muy sucia!” exclamó una vieja chancluda.

“¡La calidad de los correos baja cuando se maltrata el sobre!” dijo un abogado muy peinado y bigotón.

“¡Mi esposa cree que la engaño por su chistecito! Vengo a enviar los papeles de divorcio, de hecho”.

Todos avanzaron convencidos de que la muerte borraría la sebosa mancha escarlata del escándalo en sus vidas, y apuntaron las antorchas para convertir en cenizas a los estampados dependientes. Y cuando Elisa dio un paso al frente para confesar, su jefe reveló con un puño triunfante en el aire un sello, con forma de labios. Todos alzaron sus puños defendiendo a Elisa, con estampadores de besos desafiantes, contra las impasibles figuras anónimas de la chusma. Decidieron que perder su sistema de correos no lo valía y se rindieron, dejando la práctica de linchar para otro día.

Ahora, esa oficina postal es la única de México conocida por sus sellos en forma de beso, pero hay una chica que sigue dando amorosas succiones con sus propios labios, y si tienes suerte, tal vez -sólo tal vez- recibas uno de sus besos pasionales en tu sobre, de esos que sacan de la rutina, cambian hábitos, y despiertan chusmas enfurecidas.

Escríbeme algo

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s