Beso 17: El Místico

Un labio se abrió en el mundo, y el ojo que se posó como sol sobre la tierra le dio el poder del verso y del ósculo. La tierra buscaba poemas y besos. El aire buscaba poemas y besos. El agua buscaba poemas y besos. El fuego buscaba poemas y besos. Pero el labio tenía que encontrar primero a su otro labio, así que viajó a la montaña más alta, montó las nubes y las corrientes de aire, se sumergió en las profundidades y atravesó las cavernas volcánicas de fuego sin encontrar en ningún lado al labio. Entonces, se dirigió al ojo, pidiéndole fuerza, para ir más allá de la tierra. El ojo le concedió tres plumas, con las cuales podría atraer una estrella, pero después, convencerla de conseguir su labio sería cosa de él. Agitó fuertemente su primer pluma, y una estrella dorada y destellante, bajó.

“Eres un labio” le dijo, “y yo una estrella. Besémonos”. “No puedo estrella, me falta otro labio, pero si lo consigues puedo darte a cambio muchos besos”. “No me es suficiente, labio” y la estrella regresó al firmamento, llevándose la primera pluma. Agitó la segunda pluma, y una segunda estrella, plateada y brillante, bajó

“Eres un labio” le dijo, “y yo una estrella. Poetízame”. “No puedo estrella, me falta otro labio, pero si lo consigues puedo darte a cambio muchos poemas”. “No me es suficiente, labio” y la estrella regresó al firmamento, llevándose la segunda pluma.

El labio pensó un largo tiempo sobre lo que habría de ofrecerle a la tercer estrella, pues era la última oportunidad que tenía. Caminó día y noche sobre la superficie de la tierra, y llegó a darle una vuelta completa antes de saber lo que debería hacer. Por fin, convencido, agitó la tercer pluma, y una tercera estrella, obscura y llena de polvo, bajó

“Eres un labio” le dijo, “y yo una estrella. Mírame”. Y el labio la miró, y la tomó de la mano. La llevó a la tierra del pantano que siempre estaba suave y tersa, pero la estrella le dijo “Labio, ya he visto mucha suciedad en mi vida, un poco de tierra no me hará mirarte”. Luego la llevó a un barranco por donde el viento silbaba, pero la estrella le dijo “Labio, ya he visto muchas palabras y suspiros escaparse de mis manos, un poco de aire no me hará mirarte”. Luego la llevó a una isla que tenía arena azul y puntos centelleantes, pero la estrella le dijo “Labio, ya he visto muchas promesas vagas para pisar y alianzas diluidas, un poco de agua no me hará mirarte”. Por último, la llevó a la punta del volcán en erupción que arrojaba magma suave y sedoso bajo la colina, pero la estrella le dijo “Labio, ya he visto amores arder y apagarse igual que un fuego que se enfría, un poco de fuego no me hará mirarte”.

“No me es suficiente, labio” y la estrella regresó al firmamento, llevándose la tercera pluma. Pero cuando la agarró, vio que la pluma se endurecía, y soplaba, y mojaba y ardía, pues el labio había pasado la pluma por los cuatro elementos mientras la estrella no veía. Y la estrella regresó a la tierra. “Labio, ahora sí te miraré, por siempre y para siempre” y con un deseo puro de su corazón, la estrella le dio al labio su otro labio. Y al fin pudo hablar poemas y dar besos, así que recitó versos a la estrella todas las noches de su vida, y lanzó ósculos a la estrella todas las noches de su vida.

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