#24: La Plancha de Alcatraz (Parte 1)

Le decían “La Plancha de Alcatraz”, porque todos se alisaban las arrugas de sus trajes carceleros cuando ella caminaba por el pasillo. No por respeto, sino debido al psicótico pavor que los reos le tenían, pues si llegaba a encontrar algún objeto cualquiera que hubieran robado -cuchara, navaja, vaso- aunque no fuera con el propósito de escapar, después de darles una reprimenda física con su macana los llevaba a una habitación silenciada, e introducía el objeto robado por sus rectos. A todos les importaba mostrarle que no tenían nada que esconder, pegando sus ropas al cuerpo, estirándolas para que comprobara ella misma la honestidad de sus prisioneros.

Fue entonces que la Plancha cayó. Un viernes 14 de febrero, sus compañeros delegados decidieron mostrarle por qué era la única mujer que se había aventurado a encargarse de aquella sección carcelera junto con un equipo de 5 hombres. Esto es, por sonsa, para los 5 hombres, pero por estrategia, para ella.

Después de plantarle estos 5 hombres maquiavélicamente un puñal a un reo que no era puñal, ella lo despuñaló, y llevándolo a la habitación silenciada, planeaba empuñalarlo -que no tiene que ver con apuñalar, sino con hacer de él un puñal-. Abrióse la puerta justo antes de la puñalezca empresa, sólo para que los 5 compañeros policiacos dejaran ir a aquél puñal enfundado, y pudieran encargarse libremente de la Plancha. Y por “encargarse” me refiero precisamente a eso: entre dos, la esposaron por la espalda, un tercero la cargó en sus hombros, cumpliendo la literalidad del anuncio que les di, y los últimos dos vigilaban fuera de la habitación, para limpiar el camino de posibles testigos, mientras todos la llevaban con sonrisas malévolas hacia la punta de la torre.

Llegando al balcón abierto, entre reflectores de alta potencia y un vendaval sin lluvia, la sostuvieron entre cuatro sobre sus cabezas, y un quinto le buscó las armas, llaves y demás cosas. Sería fácil fingir un suicidio, dejando los objetos limpiamente acomodados a un lado -pues era muy ad hoc a su modus operandi de excelencia ante todo- y dejaría de robar la diversión de estar en la cárcel. La Plancha vino a desarrugar los negocios fruncidos que tenían estos carceleros con sus súbditos, le dio un gancho izquierdo a la pentarquía de Romo, Alex, Antíoco, Constantino e Israel. Y no podían soportar que dentro de su pequeña organización, una rebelde viniera a limpiar todos sus asuntos, y hacer las cosas que se deberían de hacer.

Después de dejarla en ropa interior y doblar sus pertenencias al lado del barandal, entre los cinco la arrojaron hacia los arbustos fuera de la penitenciaría. Y mientras iba cayendo, sonó un fuerte trueno que anunciaba la lluvia que venía, la inminente tormenta que golpearía con puño pesado el pequeño pedazo de mundo en el que estaban. El rayo la golpeó en el aire, y seguido, cayó de pié después de haber pasado los trece pisos de altura. Se escuchó un golpe sordo, como una bola de demolición que caía en tierra mojada, y, de hecho, así fue:

La pentarquía decidió abandonar las premisas, pues no consideraban que la Plancha fuera a sobrevivir, pero trece plantas abajo, una mujer de piel plateada los observaba fijo, destellando con cada flecha luminosa que partía el cielo. Miró sus manos cuando la disipación del odio le recordó que había caído desde una altura mortal, y lo vio claro: hierro. Toda su piel, su persona, se había convertido en metal. Tocó su clavícula y escuchó a la vez el sonido familiar que hacen los barrotes de las celdas cuando se tocan, así que era real. A pesar de todo, también era una firme creyente, así que tomó su nueva condición como un mensaje de Dios, una misiva enjuiciante, en la que debía ser ella quien proporcionara el adecuado castigo a los hombres que osaban irrumpir el orden de la cárcel, y convertir el lugar de redención que era el gigante edificio gris en una bodega de compra-venta para la dignidad humana.

Tomó velocidad, y con su puño partió a la mitad la pared externa del muro. Entró sigilosamente a la penitenciaría, con una misión firme en su mente: planchar.

Palabras para la próxima semana: Glándula, Eritrocitos, Hamburguesa

2014-04-16 21.07.14

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