#23: El Sillón de Chocolate

Un rey, hace mucho tiempo, deseaba un sillón de chocolate.

No un sillón. Más bien, quería todo su palacio hecho de chocolate. Estaba obsesionado con la historia del rey Midas, y sabía bien el final, así que la siguiente cosa que amaba con profunda delicia y que además, podía comer, era el chocolate. Gastó toda la fortuna del reino en reproducir su castillo en cacao tratado. Pero era también un regidor colérico, degollaba a quien no pudiera diseñar con éxito sus más excéntricas peticiones; “no debiste aceptar el trabajo entonces” afirmaba siempre, antes de que la cuchilla bajara sobre sus cuellos.

Sólo un fabricante de muebles quedaba en el reino, y a la fuerza, el rey lo mandó llamar. Tenía fama de hacer las sillas y sillones más resistentes, aunque no siempre eran los más bellos, y el rey arregló esto proporcionándole los pergaminos y planos que otros carpinteros -ya muertos- habían planeado.

“Tienes 5 días para producir mi sillón. Es la única pieza que me falta. Y ya sabes que en mi reino, un súbdito muerto vale por bueno”.

El fabricante tembló un poco, pero se dio a la tarea de fabricar el mejor sillón de chocolate que jamás le hubieran pedido en su vida: Reclinadores de caramelo, estructura de cacahuate, almohadas rellenas de mazapan, todo tejido en una finísima tela de chocolate con leche y azúcar, medido en finísimas buretas y cristalinos metros antiguos. Después de cinco días el mueble estaba listo, y el rey también estaba listo para probarlo.

Entró pavoneándose a la sala real, y sus ojos se iluminaron al ver el almohadón café: corrió y se arrojó como un niño mimado sobre el asiento, y la suavidad lo arrulló inmediatamente. Con los ojos entrecerrados, y sin siquiera ver la figura del fabricante dijo “quedas perdonado. Denle su recompensa. Lárgate de aquí”. Así lo hicieron los sirvientes, y con alivio, el joven hombre salió del castillo y siguió construyendo -ahora con renombre- sus famosos artículos de hogar.

El rey sólo quedó sentado en el sillón. Eventualmente le dio una mordida, y sabía delicioso. Pasados 3 días, caminó aburrido por su palacio de chocolate, y cayó en una profunda depresión, así que trepó hasta la torre más alta, desde donde vio en toda su gloria el imperio marrón que se había fabricado. Dejó de salir, dejó de comer chocolate, y sólo durmió por años. Falleció de soledad y aburrimiento, y otro rey lo reemplazó.

Moraleja: No desees cosas finitas.

Palabras para la próxima semana: Clavícula, Plancha, Alcatraz

2014-04-16 21.06.03

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