#21: Corazón de Atari (Parte I)

Nazario Gómez nació con una condición extraña. Verán: su padre era un ávido videojugador y artista digital. Su madre, excepcional programadora y lectora eterna. Ambos manejaron con suavidad y precisión el embarazo de su hijo, teniendo horarios de comida, terapias profilácticas, y ambientes saludables. Eso sí, no faltaban las noches de jugada cooperativa en la consola que tuvieran mamá y papá: a veces eliminar alienígenas, otras, resolver acertijos en la época medieval, pero de una u otra manera, las imágenes de videojuegos entraban por los ojos de su progenitora, explotaban en un sin fin de emociones en el cerebro, y aterrizaban directo en el útero, en donde Nazario disfrutaba de la misma euforia, sin saber que correspondían a la realidad virtual.

Cuando salió del útero, el médico partero entregó al bebé de inmediato, y la enfermera respondía torpemente las preguntas que el doctor le hacía mientras escribía frenéticamente en su expediente. Los padres preocupados, no tenían idea de lo que sucedía. Fue entonces que, trastabillando, el cirujano les explicó que no entendía pero que su hijo, a pesar de tener una ranura en donde debía ir su corazón, seguía vivo sin una razón lógica.

Los primero meses ambos padres estaban en las mismas: ¿cómo cuidas a un niño tan frágil? No dejaban que se acercara a nada, dieron en adopción a sus mascotas, su cuarto sólo tenía una cuna y las cuatro paredes limpias… pero era agotador. No les quedaba tiempo para quererse, así que empezaron las fricciones, los problemas, las discusiones. Todo eso hacía a Nazario llorar, y una madrugada, cuando los dos no aguantaban más, en un acto de negligencia trajeron a Nazario a la sala y lo sentaron en el sillón a comer mientras ambos padres jugaban un viejo juego de los 90’s en la aún funcional consola.

Nazario dejó de llorar, y miraba embelesado el juego. Se reía y aplaudía, y los papás también sonrieron. La noche avanzó, y los padres se quedaron dormidos, pero Nazario tomó el controlador y jugó. La mañana siguiente, el juego había sido completado, en la dificultad más alta. Los padres se preguntaron una y otra vez sobre lo que había sucedido, pero no hallaban explicación racional. Después de unos días, dejaron a Nazario sólo en el sillón, y lo observaron escondidos desde la distancia: la maestría con la que manejaba la consola era inigualable. Pronto se convirtió en la alegría de la casa, y le daban más libertad para jugar y andar por todos lados. Intentaba introducir los cartuchos de juego en su pecho, pero no cabían, así que dejaron de preocuparse, y se dieron a la tarea de incrementar las capacidades lúdicas de su hijo.

Pronto avanzó del NES, al Súper NES, y para los 4 años, ya jugaba el N64 sin problemas, siendo rival digno para sus padres. Fue por esa edad, cuando todo cambió, un día que limpiaban la casa, y su padre dejó fuera las consolas más viejas que tenía. Ya no eran los juegos suyos, sino los del abuelo: el Atari Arcade, con su simbólica palanca. El nene logró poner sus manos sobre los viejos pedazos de plástico, y con el Video Olympics entre sus manos, lo introdujo lentamente en su pecho: el cartucho entró a la perfección. La madre lo vio y pegó el grito en el cielo, y al intentar ir tras de él, tropezó y un balón de fútbol viejo salió despedido, centímetros sobre la cabeza del infante. O eso creían los padres, cuando pareció levitar, para alcanzar el balón y rebotarlo como una pared móvil.

Toda la tarde pasaron arrojándole una pequeña pelota a su hijo, después, bolas más grandes, e incluso objetos pesadísimos. Lo miraban flotar desde el piso hasta el techo, evitando que algún objeto lograr pasar encima o debajo de él, casi como si fuera un Pong en la vida real. Pronto intentaron con otros cartuchos: Centipede le permitía caminar por las paredes, Asteroids, aventar rayos y flotar, y así un sin fin de habilidades que lo empoderaban asombrosamente. Decidieron que era muy joven para tener estos poderes, y ambos padres, aunque fascinados, guardaron cautela en no recordarle a su hijo sobre este día hasta que tuviera la edad suficiente para manejar sus poderes.

Palabras para la próxima semana: Regadera, Laptop, Cielo

2014-04-16 21.03.09

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