#19: Lápices

3:27 de la mañana. Un hombre viejo se inclina sobre el escritorio recargado en una pared roja. Las ventanas encortinadas con destellos de la autopista. Un piano a su espalda y muebles obscuros. Trabaja con exactitud microscópica, sosteniendo con pinzas una lija miniatura. Sobando un trozo de carbón. Cilindros de madera tallada yacen a unos centímetros de su mano.

– Mycobacterium tuberculosis, mycobacterium leprae, mycobacterium bovis, mycobacterium avium…

Cierra los ojos. Una idea se le escapa y con un manoteo fútil intenta retenerla. Los modos de viejo resaltan en sus articulaciones limitadas.

– kanro… kansi… ¡kansasii! Mycobacterium kansasii, mycobacterium marinum…

Continúa con su lenta labor. Sopla sobre la mina de grafito, y la coloca con cuidado dentro de la madera… un lápiz. Al acabar, lo pone dentro de una pipeta, la tapa con un corcho, la desliza por un hoyo en la pared. Se pone de pie y a sus espaldas encuentra en la pequeña mesa de café una botella de desinfectante: vierte un poco en sus manos, y las talla mientras bosteza. Sus lentes resbalan un poco por su nariz, pero al momento empieza a aplaudir para mantenerse a sí mismo despierto.

– Julieta Julieta Julieta Julieta Julieta Julieta Julieta

Remueve sus lentes, se talla un ojo, y da unos brinquitos como para despertarse. Vuelve a ponerse los lentes y camina hacia la cocina. Mueve el interruptor de la luz con la manga de su camisa, y abre el refrigerador. Sus ojos se impactan, pues en vez de encontrar leche, o frijoles, contempla el cuerpo desmembrado de una mujer vieja. La cabeza lo mira vaciada de emoción, como una estatua. Le acaricia la mejilla “Julieta” susurra con tristeza. Luego suspira hondo, y cierra el refrigerador. En la puerta del antiquísimo aparato, con un imán se sostiene un reporte médico, relatando una muerte a causa de microbacterias sencillas.

Va de regreso a su escritorio en medio de la sala. Siente la mano fría y podrida de su muerta esposa sobre el hombro.

– Ya casi Julieta. Falta poco.

Trabajó unas horas más. Unos cuantos lápices más. El mecanismo detrás de la pared se escuchaba retumbar cada vez que lanzaba un nuevo lápiz. A eso de las 6 de la mañana, visitó de nuevo la cocina. Se hincó, y con esfuerzo levantó pedazos del suelo, para revelar un hoyo. Debajo, un largo brazo mecánico acomodaba cientos de lápices con la punta hacia el cielo. Empapado de sudor, el viejo se quitó el suéter. Los primeros rayos de sol asomaban.

– Mycobacterium szulgai

Se dejó caer con los brazos abiertos y los ojos cerrados. Cientos de puntas se enterraron en su cuerpo. Murió casi instantáneamente, después de unos segundos de forcejeo y dolor. El expediente médico cayó del refrigerador, y el verde fosforescente de un marca textos subrayaba “muerte por causa de infección microbacteriológica, inhalación de grafito contaminado. Rama de tuberculosis”.

Palabras para la próxima semana: Tamagotchi, Samurai, Tómbola

2014-04-16 21.00.05

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