Beso 4: El Verde

El chico no tenía ninguna esperanza de amores. El chico tenía 22 años y jamás había besado, ni lo habían soñado, ni nada. El chico leía mucho sobre agricultura, y cuidaba las plantas en las macetas fuera de su casa, dándoles cariño y ternura, a falta de quién los recibiera.

El chico se desperezó en la facultad, en una banca, mientras pensaba en las cosas que diría algún día a quien fuera su chica. El chico entendía que no era feo, pero tampoco guapo, y que su personalidad aplanada no resaltaba entre la estrepitosa marea de público. El chico buscaba hacer contacto visual mágico con alguna chica, en algún lado, en alguna banca, que se sintiera igual que él… pero después de 7 años buscando, se cansó ese día, y -como lo había dicho ya antes- se desperezó, golpeando el tronco de un árbol que se encontraba detrás de él, ligeramente a la izquierda.

El chico no vio un fruto que le cayó sobre su entrepierna. El chico se dolió y encogió en masculina agonía, pero nadie cerca notó el accidente. El chico ya pasados unos minutos, y calmados sus testículos, miró a su lado: un estilo de bellota púrpura, con hermosas venas verdes pintadas en su superficie por la naturaleza. El chico no la reconocía, así que la guardó en su bolsa, la llevó a su casa, y la plantó.

El chico escogió una maceta especial, de acabados negros y dorados, parecida a una estrella. El chico plantó con cuidado la bellota, y pensó que ya ido su sueño de cruzar miradas en la multitud, ¿por qué no?, intentaría suertes con la siguiente planta. El chico redactó una receta especial con horarios de alimentación y cantidades cuidadosamente medidas gracias a sus conocimientos botánicos:

8:00am – Medio litro de agua (abrazar el botellón con el litro de agua en la noche, mientras se duerme)
2:00pm – Escribir versos de amor en la ventana, y poner la planta bajo la luz que entra por la misma. (Cambiar de verso cada día).
3:30pm – Susurrarle cosas bonitas al oído (no utilizar referencias sexuales).
7:00pm – Vaciar el otro medio litro de agua, y acariciar el tallo de la planta de manera sensual.
9:00pm – Platicarle a la planta sobre el día, (a veces es bueno hacer silencio y dejarla hablar).
10:00pm – Desearle buenas noches con un beso (aún no en la boca).

El chico repitió este horario día con día, mediante le era posible según el crecimiento de la planta. El chico observó que en menos de una semana, surgió un botón alargado, como un tamarindo rosa a punto de abrirse. El chico también escuchaba, a lo largo de la tarde, que la planta hacía pequeños sonidos, como de besos, proveniente de la flor. El chico despertó al día siguiente, y lo que fuera un delgado tamarindo se había convertido en unos labios carnosos y rosas. El chico se acercó con un poco de temor, pero siguiendo el protocolo que él mismo había fijado, improvisó: besó a la planta. El chico se sintió más sorprendido aún por el hecho de que la planta le respondía el beso, más que le hubieran crecido labios; la maceta tembló, con hebras de planta saliendo por todos lados, y las hojas se convertían en dedos, el tallo en una cintura, las gruesas y cafés raíces ahora eran muslos. La chica continuaba besándolo, como si no pudiera sobrevivir sin sus labios. El chico sintió una lágrima salírsele de los ojos.

Los chicos se besaron unos minutos más, acariciándose tiernamente a veces, con pasión otras. Hablaron toda la noche. La chica le arrancaba besos de vez en cuando, y él no se resistía nada. El chico miraba largos ratos la piel verde que ella tenía, sus ojos rosas, su cabello terroso, y para nada le molestaba; eran altas horas de la noche cuando le pasó la mano por la cintura, la abrazó de la espalda, y preguntó:

“¿Te vas a ir?”
“Voy a regresar por ti. Por tus versos, tus besos, tus palabras tiernas que me dices a las 3:30pm todos los días. ¿Cómo no regresar?”
“Entonces te vas”.
“Me voy. No me puedo quedar”.
“Me voy contigo”.
“Me encantas”.

La chica lo besó profundamente, y esperaron tomados de la mano a la primera luz del sol que cayera sobre el jardín. Los chicos se besaron al primer indicio de alba, y se fueron transformando en un tronco que giraba, entrelazado en un abrazo, endureciéndose con la corteza suave de un lado y rasposa del otro, combinados en un beso botánico, un beso verde.

Al salir completamente el sol, el árbol del jardín que había aparecido de un día para otro brillaba con esplendor de vida. Las ramas parecían encontrarse, de manera que la frondosidad vegetal que siempre sale en la parte superior de las plantas sugerían estar formando con sus dos tonos de esmeralda y limón, unos labios encontrándose.

Dicen que cuando hace viento, parece que se muerden.

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