#17: Chupasuegras

En el pueblo de Salsipuedes, Argentina se dio un suceso peculiar, por allá del año 1997. Un día de Abril, amanecieron los cadáveres de 3 vacas con marcas lo que parecieran largos colmillos en sus cuellos y los órganos internos ausentes. Esto no era usual por esos lares, y los pueblerinos se escandalizaron. A pesar de vivir en diversas comunidades separadas por la hermosa vegetación floreciente, los chismes corrían más rápido que el agua del río homónimo. Los oriundos rápido cambiaron sus maneras, y las vacas eras protegidas con celo.

Pronto en el año, se surgieron cada mes nuevas víctimas, y la histeria del asesino de vacas fue in crescendo hasta que un primo que venía de visita desde las tierras norteamericanas bautizó a la bestia como “el Chupacabras”, y se dio a la tarea de extender la paranoia como una cubeta de leche que se derrama.

Todos estaban sobre aviso, que el continente entero de América era asediado por una criatura de cabeza ovalada, alas vampirescas, dientes afilados y piel escamosa. Poco faltaba para que la profecía de Lovecraft se cumpliera en dicho monstruo, aunque la población en su mayoría quedaba ignorante a tal anuncio literario. Días y noches se juntaban los Salsipuedinos para discernir la mejor manera de recibir estas inevitables muertes, este animal místico imposible de atrapar, y decidieron que lo mejor sería montar turnos todas las noches.

Y algo extraño sucedió: montando turnos, varios hombres pudieron ver de hecho, al animal en acción: llegaba batiendo sus alas, midiendo tres metros y medio, los ojos brillantes en la noche. Tomaba a las vacas por el cuerpo, y les chupaba la sangre del cuello como una malteada. Acto seguido, tumbaba al bovino sobre su espalda, y con una incisión de su uña, abría el abdomen y consumía los órganos. Un espectáculo de verse.

Todos temían, pero nadie hablaba: el primero en avisar sobre el horror, sería encargado de comandar su derrota, y no estaban listos para eso. Aunque, las cosas cambiaron con un buen hombre, llamado Joaquín. Tan buen hombre era, que aguantó veintisiete años a su suegra viviendo en casa, hablándole mal, quejándose de sus pies, gastando su dinero, malcriando a su niño, y echándole culpas constantes. Pero la aparición del nuevo monstruo no superaba el terror que sentía por el antiguo, así que manufacturó el plan perfecto: convenció a su familia completa de que era seguro tomar turnos en vigilar a las vacas, y que él realmente ocupaba un largo descanso para rendir en mantener al hogar y batirse en lucha contra el Chupacabras si en un futuro se revelaba.

Había medido bien los tiempos, y su suegra tenía el turno de las tres a las cuatro de la mañana. Conociendo su desidia y pocos ánimos de hacer las cosas, él mismo le preparó una silla, para que cómodamente observara a sus consanguíneas -como él siempre decía en su cabeza, ella era una vaca gorda-. Las cosas fungieron de maravilla para Joaquín, y su plan dio resultado: El titán escamoso vio la presencia de aquella mujer como un tributo a su sangriento frenesí, así que la tomó, y también la consumió. Las entrañas de Joaquín bailaban, en parte por asco, y en parte por una desmedida alegría. No tardó en contar esto a los demás jefes de familia salsipuedinos.

Como si de una historia fantástica se tratara, pasó lo más inesperadamente esperado: todos los hombres que sufrían el yugo de la ascendiente de sus esposas siguieron el mismo plan al pié de la letra la noche siguiente. Para cuando todos se enteraron de la tragedia que había llegado sobre la familia de Joaquín, las demás mujeres de Salsipuedes habían ya perdido a sus madres en una noche de mórbido placer mortuorio por parte de ese temible Chupacabras. Fue entonces decisión unánime del pueblo el dedicarse a otra cosa diferente al ganado, y los que no quisieron dejar el arte, no tenían problema en perder una res de vez en cuando.

Actualmente se puede visitar el poblado y disfrutar del Salto la Estancita, el museo apícola, pasear en pony y disfrutar del olor a campo en general. La escasez de abuelas es a la vez sorprendente y tranquilizante, y pareciera que detrás de la sonrisa de cada habitante, hay una obscura sombra, un guardián que vigila por su felicidad. Como si el pueblo entero fuere cómplice de un feliz horror, como si en las noches abrieras la ventana del hotel y sintieras el aliento podrido de una bestia alada, como si apresurar la muerte o esperarla no tuvieran diferencia, y todos te vieran con ojos abiertos, vidriosos, grandes, de vaca.

Palabras de la próxima semana: Amigo, Rana, Citocinas

2014-03-10 09.26.33

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