Beso 3: El Muerto

Sonó el trueno.

Carla se tapó más, el segundo piso siempre le dio miedo.

La almohada mojada entre sudor y lágrimas.

Otro trueno. En la cocina de abajo.

¿Dejó la puerta de atrás abierta? No había nadie que revisara por ella.

Bajó de puntillas, sobándose el muslo desnudo donde se había subido la pijama por ansiedad.

Jalaba el pasamanos de madera mientras daba pasos callados. Con miedo de tirar accidentalmente los pedazos rotos de su corazón.

La luz de la cocina se apagó. Un sartén caído.

Carla pegada a la pared, buscando ser una sombra más para el asaltante.

Se reveló el cuerpo poderoso, obscuro.

Caminó lento.

Alcanzó.

Besó.

Un largo silencio.

Olor a ceniza y tierra mojada.

Carla finalmente cerró los ojos, reconociendo los labios de quien hubiera muerto hacía 3 meses.

“Escuché tus rezos cada noche. Que fue injusto irme sin darte el último beso”.

Se hizo polvo.

Carla quedó de pié, en medio de una humareda de tierra y relámpagos, sintiéndose asustada y complacida. Aliviada y corrompida.

Y un agrio sabor a cadáver en los labios.

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