#15: El Instinto Animal

Corva sentada en la orilla del panal. Sabe que se va y que ya no hay vuelta. Pues se le acerca su amigo el abejorro, Doro, y le pregunta

– ¿Qué tanto pasa por tu cabeza, huerca?

Pasaba que de Corva no era acuerdo su trabajo, ni su vida, ni estos tiempos. No era acuerdo que ocupara del volar y estar posándose en las  flores, mientras las cucarachitas como Jade o abejorros como Doro se tuvieran que ensuciar en consentir a la instintiva ocupación piramidal, y andarse por cloacas o matarse en cargar polen, mientras ella volaba en círculos torpes, en labores tan delgadas y frágiles como sus doradas alas.

– ¿Qué me pasa? Mira Doro que me pasa, siendo yo la acomodada, soy testigo y disidente del destino que has sorteado: ¿cómo fue, que con todo tu trabajo, paguen poco para darle tu salario a tu mujer? No comprendo, una casa no se tiene en pie con puros argumentos, mismo que unas amistades no lo son sin suplemento, mismo que la libertad no es libre cuando se te impone.

– Yo soy libre -susurró de sus adentros Doro, viendo hacia el panal- siempre he sido, y seré, siempre el más libre.

– No lo entiendo, Doroteo -Corva meneó su cabeza, en su desentendimiento, en su súbita sorpresa.

– Nadie, nunca, me obligó a dar mi vida. Soy abeja por decido, no desidia. Aunque nazca con las rayas de colores, en antenas direcciones, y en panal siendo una parte, el instinto es más la voz de mi conciencia, que el yugo de consistencia poderosa y densa para mi alma fiel. Si yo fuera, a ser una mariposa, no podría a ninguna hora, sentirme a gusto después: estoy hecho, y mi cuerpo me lo clama, para cargar tanto polen como de mis manos haga. Deberías ser lo que eres quedamente. El instinto te somete a ser feliz y nada más. Deja ya de preguntarte tantas cosas. Hasta luego, debo de ir a trabajar.

Y ese Doro emprendió el vuelo, rebasándose arduamente en ese récord personal. Corva no daba su crédito a la abeja, ni tampoco a la rastrera que en el piso vislumbraba. Y pensó, pensó, pensó, lo que era más adecuado, para Corva como insecto ya pensar:

– Tal vez cierto es lo que dice tanto Doro: el instinto es esa voz que dulce atiendo, que me llama a ser el orden de la vida, acomodo de la muerte, círculo completo y solo. Esa cosa de pensar y preguntarse, decidir y liberarse… eso es cosa ya de humanos, y sus instintos callados.

Voló pronta a desprenderse del gran lío que traía andar pensando.

Palabras de la siguiente semana: Ánfora, Cartografía y Película

2014-02-19 01.17.40

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