#13: El Apocalipsis del Olvido

Hay belleza en el silencio. Encima de este árbol adornado por intestinos, embarrado de moronga humana, nutrido por la sangre. Desde las ramas no me alcanzan las heridas sus ojos blanquecinos, su paso ya más firme, sus letras invitantes de “aaaaa” y “ooooo”. Casi siento que me hablan, que regresan a quienes fueron antes. Y súbito aparece, el líder de todos, moviendo sus caderas de manera circular.

Los zombies vinieron, nadie supo por qué. Alguna enfermedad extraterrestre, un experimento viral que salió mal, magia vudú, el fin de los tiempos… ni idea, pero desde hace ochenta años ellos “viven” entre nosotros. Los primeros meses fue un desastre, no sabíamos qué pasaba, nadie enterraba a los muertos, muchos fueron al consuelo de la religión, pero Dios es más listo que el hombre, y a justicia personal, proporciona la misericordia adecuada a la vida que tuviste y el arrepentimiento que te inunda. Es un algoritmo teológico perfecto, invisible para nosotros. Es lo que me tiene en este árbol, rodeado de muerte, pero más vivo que nunca.

La primer década consistió de vigilantes y la instauración de una sociedad tribal: peleaban por sus vidas, por sobrevivir, encontrar víveres. El dinero dejó de ser útil en algunos lados, en donde sólo el trueque funcionaba. La vida era seca, cruel, dura. La incineración era asumida en todos lados. A los grandes líderes los enterraban en compartimentos de acero líquido. Vertían la mezcla ardiente sobre el cadáver, y se endurecía antes de que pudiera regresar a la vida, entonces ya era seguro enterrarlo a cualquier profundidad.

La segunda década fue la hambruna, en donde unos pocos se habían preocupado por conseguir medios para fundar una nueva civilización desde el primer brote, a diferencia del resto de la tierra, que simplemente robó provisiones temporales, esperando que el gobierno, el presidente, la policía, o alguien más los salvara. Nadie lo hizo, y murieron dando origen a los palos: eran unos zombies flacos y secos, pero rápidos, porque la muerte lenta que llegaba con el hambre transformaba mucho más lento a las personas, dejándoles el hambre de sesos y el cerebro mismo para pensar y organizarse -si es que no los vencía su hambre para comerse los sesos entre ellos mismos. La producción de armas comenzó como un negocio estable, y en cualquier esquina había una herramienta para matar.

El olor. Dios, el olor es tan fuerte, y estoy tan acostumbrado a que la muerte me rodée. Dios lo sabe. Dios me escucha cuando susurro, en las noches, en el frío: Él susurra conmigo. La tercer década fue el olor. Muchos muertos, muy rápido para este planeta: el aire tenía cenizas de cadáver quemado, la tierra tenía sangre de cadáver mutilado, el agua era simplemente un cadáver azul. Se organizaron las primeras ciudades y monarquías, y todos tenían su equipo personal de erradicación de muertos vivientes… excepto la República de la Nueva Argentina, lo que antes fuera parte de Brazil, que incursó en la domesticación de muertos. El mundo hedía.

Cuarta década, era de los Imperios. Nadie mataba zombies como Madagascar Oeste, y pronto dominó lo que antiguamente fuera Egipto y Europa del Norte. Rusia se consolidó en una alianza con Japón, juntos fueron el “Nuevo Oriente”, y se convirtieron en los mayores productores de armas y primeros en hacer resurgir la tecnología -los zombies en el frío son lentos. Alaska recurrió al canibalismo, y se abrieron paso a mordidas hasta Centroamérica, sólo para encontrar toda América del Sur llena de zombies que cumplían cualquier mandato y orden de los NeoArgentinos, que reinaban con puño de acero. Ninguno de los cuatro bloques políticos, o “Jinetes”, como fueron llamados después, sabían cómo se organizaban las otras partes del mundo, hasta el final de la década, que los avances tecnológicos alcanzaron para que Nuevo Oriente pudiera reparar y pilotear aeronaves para sondear el mundo. Fueron llamados en ese orden, el país de la Guerra, de la Victoria, del Hambre y de la Muerte.

La década quinta se parece mi suegra: metiche y cisañosa. Ahora está al pié del árbol. Ayer le aventé uno de mis zapatos, y le di justo en la nariz. Ella babeaba sin reconocer qué era lo que sentía, yo sonreí un poco, luego me dolí con Dios. Fue entonces que se conformó el Concilio Mundial, en donde tomaban parte el Jefe de la América Caníbal, el Rey de la Nueva Argentina, el Primer Ministro del Nuevo Oriente y el Capitán General de la Defensa Roja. Negociaban por suministros y alimentos con la América Caníbal, que se reducía a comer sólo a los suyos, la Defensa Roja tenía permiso de disparar el primer zombie que cruzara el océano, pero nunca en el Reino de la Nueva Argentina, y el Nuevo Oriente recibía bonificación de los otros tres jinetes para la mejora y desarrollo de tecnologías superiores. Cerca de los últimos meses en la década, surgió de Australia un embarcamiento que llegó a las costas de lo que fuera antiguamente Somalia. Se armó una revuelta, y los embarcados tomaron la costa, y exigieron hablar con el Capitán General, que se presentó en persona una de las noches últimas de diciembre.

La Década del Parlamento fue algo así como la Segunda Guerra Fría. Los zombies que habían quedado en Australia aprendieron a comunicarse por medio de círculos: hula hulas en sus caderas, esferas que daban vueltas, piruetas con sus cuerpos, formar hoyos con sus dedos… su lenguaje era raro, basado en el tamaño de un círculo, el grueso de su perímetro y la dirección y número de vueltas que dabas con él. Aún así, unos pocos podían utilizar el lenguaje, y fueron estos los que llegaron a las costas de la antigua Somalia. La soberbia del Capitán General lo llevó a lloverle amenazas al líder zombie cuando aún estaba dentro de su territorio. Tomaron cautivo al Capitán General, y convocaron una junta del Concilio Mundial. Ahí se habló largamente sobre el sentido de la existencia y dignidad de los zombies, que ahora podían comunicarse, y que comían seres vivos que criaban en sus tierras, alegando que la diferencia era sólo que ellos no los “cocinaban”. Pidieron que se detuviera la esclavitud zombie en el Reino de Nueva Argentina, y que la Defensa Roja cesara la violencia a los suyos. El Nuevo Oriente tomó parte con los zombies, mientras que el Jefe Caníbal se pronunció neutral a la situación y los otros tres jinetes se vieron obligados por la presión tecnológica y económica a ceder. La tensión durante esos años sólo incrementó los disturbios internos de las facciones: grupos pro zombies y anti zombies se levantaban en cada provincia, aunque la manera de los jinetes para tratar con ellos difería mucho.

La séptima década se conoce como la Segunda Globalización: Australia abrió sus fronteras, e inmigrantes de todos los bloques comenzaron a llegar con la promesa de libertad y comunitariedad que ofrecía el nuevo país. Las promesas terminaron siendo más que ciertas: el turismo e inmigración hicieron de la economía un triunfo opulento, y la isla era el destino preferido para todos los jóvenes que buscaban experiencias salvajes y locas. Avances en los laboratorios del oriente descubrieron que la tolerancia desarrollada por los caníbales de América los hacían propensos a “despertar” y convertirse en zombies no-pensantes con alguna emoción fuerte, y eso incrementó la tensión con el reino del sur, pues el maltrato que recibían los zombies ahí provocaba sus ganas de infiltrar caníbales en el reino para derrocarlo, en tanto que la violencia de la Defensa Roja no paraba, y las revueltas civiles eran cada vez más turbulentas y crudas. Mueven el árbol de un lado a otro, y por poco caigo. No quiero caer. Todavía no.

Al final de la séptima década, el Capitán General robó por la fuerza armas del Oriente, y lanzó un ataque hacia Australia. El líder zombie manejó de la manera más prudente sus fuerzas y en conjunto con el oriente y los caníbales, logró detener y apagar la guerra que se avecinaba. el Capitán General falleció en la revuelta, y el líder zombie fue celebrado como salvador de la paz mundial. Al momento de transmitir su mensaje de victoria, televisado en todas partes del planeta, tomó un hula hula de la nada, y comenzó a bailarlo frente a las cámaras. Algo despertó en todos los zombies, y la locura se desató. Era como antes de la primera década: pedazos de cuerpos volando por todos lados, el rey derrocado y devorado por sus sirvientes, los caníbales cediendo a los impulsos muertos que tanto llevaban dormidos en ellos, no sabemos nada del oriente, y yo en los últimos bastiones de resistencia roja, te presento este discurso, mi Dios, esta historia a cambio de tu historia. Sálvame, no con la muerte, que ya no vale nada, más con la trascendencia, que me arrebata lo eterno.

Palabras de la próxima semana: Concierto, Miocito, Animal.

2014-02-01 09.50.02

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