#11: Sobre la manufacturación de los Cristales de Tristeza en el Asia oriental.

La infusion de cristales con tristeza es un método detallado, imitado largamente en la cultura hindú, pero sin conseguir jamás el grado de purificación que la misma naturaleza obtiene con ellos. El tono grisáceo y difuminado que obtienen los cristales hechos a mano en contraste con el tono negro traslúcido que las cuevas proveen dan un ejemplo del verdadero trecho que nuestra humanidad no ha logrado saltar.

Es conocida la subcultura “prismal” en Asia oriental, donde la práctica del “minado de prismas” es mucho más brutal que su originaria en India, cerca del Barahmputra que colinda con China. Los locales describen muchas formas diferentes de minarlos, heredadas de sus antepasados, aunque ninguna logra cristales tan efectivos como los naturales. Aún así, todos los procesos tienen en común la presencia de una persona mayor con tristeza en su corazón. Se le somete a unos meses con el cristal atado cerca de su pecho -si se puede provocar la soledad, mejor-. Acostumbran a crear celdas en los lados de la montaña -de donde obtienen los cristales blanquecinos o “vírgenes”- y llevar alimento a las personas diariamente. Se busca prolongar la muerte de la persona lo más posible, de preferencia sin llegar al suicidio, pues al momento de la muerte, se “cuaja” el interior del cristal y ya no se le puede introducir más tristeza.

Difiere de las violentas prácticas en China o Burma, en donde se toman preferencialmente niños, y el cristal no es sobrepuesto en sus pechos, sino introducido quirúrgicamente, de manera que la mitad del mismo reside dentro del pecho, y la otra mitad se encuentra expuesto al aire libre. Se les da cuidados médicos, pero un trato más frío y poco tradicional que el de los ancianos de la India -quienes en su mayoría, llevan el proceso voluntariamente. El dolor físico es obvio con los procedimientos quirúrgicos que se efectúan, por esto, la práctica en China es ilegal y peligrosa. Además, la mayoría de los infantes son secuestrados, y los prismas toman un color obscuro rojizo, a la vez que nublado. Se ha revelado con las investigaciones que este color difuso se da por la combinación de dolor físico, tristeza por la lejanía de los padres, y miedo a la tortura y maltrato posterior. Es muy raro que uno de los infantes se suicide, así que suelen terminar en asesinatos, que consolidan el color del cristal igual que en el proceso hindú.

De todas formas, ninguno de estos procesos han logrado superar el color de la tristeza profunda que se logra en las montañas que antiguamente colindaban con el reino tibetano. Los escasos y preciosos cristales naturales que se han rescatado y se conservan hasta la fecha no superan el centenar, veintisiete de estos residen aún en las manos de monjes tibetanos, y el resto se valúa en más de treintaisiete millones de dólares americanos el gramo ($37,000,000.00 c/gr). Quien ha tenido oportunidad de poner sus manos sobre uno de estos prismas cuenta que a pesar de que se tome un fragmento no más grande de un chicharito, la conciencia de que algo vivo mira desde dentro del cristal es aplastante, usualmente se relata que es posible sentir la tristeza de quien formó el cristal, más aún, como si un ente viera a través de los propios ojos. Es esta la razón principal por la que funciona el mercado prismático en China, y estos prismas terminan por ser un costoso lujo para quien pierde sentido de la vida y busca vivir emociones fuertes, aunque a más de uno lo ha llevado, irónicamente, al suicidio.

Se encuentre como condimento clandestino que se utiliza de agitador para bebidas en los comedores millonarios del oriente, o droga adormilante que corre en pequeñas bolsas rojas por las calles de Hong Kong, es imposible negar que los cristales de tristeza son cotizados altamente. Las aldeas de la India que pescan del Barahmputra cuentan que mucho tiempo antes de que existieran los autos y los aviones, los monjes de las montañas bajaban a las cuevas y acariciaban las paredes, buscando los preciosos diamantes negros. Dicen que esta era la única manera en que ellos podían escuchar los gritos de la tierra, pero que llegó una época en que los gritos se hicieron tan fuertes, que los mismos monjes decidieron derrumbar las pocas cuevas que quedaban: no podían escuchar el martirio de la tierra, sin desear morir con ella también. Es por eso que la tradición permanece en la India, los viejos saben que el sufrimiento sólo puede purificar lo que es precioso, y consumir hasta las cenizas lo que es basura.

Palabras de la siguiente semana: Pantorrilla, Tatuaje, Extensión

2013-12-18 10.25.20

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