#9: Gatista

Y que soy un gatista.

Y que me dedico a hacer arte. Con gatos.

Y que soy un gatista.

A veces los atrapo en la noche, mientras deambulan atontados por el hambre, en callejones sucios con cáscaras de fruta, ropas viejas, aceite de motor. Los atrapo con paciencias guardadas, de tantas cosas que me faltan y faltaron algún día. Los atrapo en mis dibujos. Y los veo, moribundos, con sus ojos tan nocturnos y los plasmo en este arte, esta cosa que convierte lo que veo en voz al fin. Los atrapo porque el hambre los destruye, y entre ellos se alimentan de cadáveres; caníbales.

Y que soy un gatista.

Varias veces por semana son en las que yo regreso, voy por esos callejones, y me escondo como sombra tras sus colas. Y los veo, poco a poco, hasta que alguno se muere, y lo tomo, y lo llevo a mi taller, que también es mi hogar: del cuerpo y del alma. Y lo veo por horas. El hedor incrementa.

Y que soy un gatista.

Pasan meses y yo tengo ya las pieles de felinos en el techo, la cocina, la madera de mis muebles. Y es que mueren sin razones, sin sus dueños, sin botellas cristalinas con la leche que se toman. Y en mi cama me acaricio el esqueleto ya sin piel de mis amigos, que regalan en sus muertes las eternas chispas frías de sorpresa cadavérica.

Y que soy un gatista.

Si las traigo a mi taller, se me espantan: Se me espantan de la taza forjada en cráneo de gato. Se me espantan de la cama, con almohadas de sus pieles. Se me espantan de los pantalones que pensaron eran de cualquier otro animal, menos ese. Ese gato. El que aún no se moría, el que habías rescatado, ese gato. Me quedo solo con la gloria de sus ojos cortados y amarillos, nocturnos como yo. Con el rechazo de su amor me he convertido en un gato finalmente.

Y que soy un gatista.

El costal está confeccionado con veintidós pieles, a prueba de derrames. Los atrapo en parques, avenidas, casas abandonadas. Llego a casa y golpeo la bolsa con un mazo hasta lograr un puré: es más sencillo despegarlos de la piel que estando vivos. Los tiño de colores: celeste, chedrón, esmeralda, púrpura. Nunca viste gatos así. Nunca viste un gato así, como yo.

Y que soy un gatista.

Tras las barras tan heladas yo lo espero. El gran gato viene pronto, viene a mí, en mi sangre, en mis ojos tan rasgados por el alma. Fue hace lunas que atraparon mis garritas sobre aquel felino fresco y negro. Moribundo me tengo que alimentar de lo que haya, y si no entienden el arte, o la transformación del artista en lo que plasma, no merecen más que muestre mis colmillos y sisée. Cuando muera, mi obra valdrá cientos de miles en gustos excéntricos, pero no tendrá importancia, porque ya seré un gato.

Palabras de la próxima semana: Esclava, Selección, Esternocleidomastoideo.

2013-12-18 10.12.37

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