#5: Roto Corazón

Es difícil cuando te rompen el corazón. Es dífícil. Y tal vez sea porque la carne lo rodea y pompea con emoción al ver que pasan elegantes las piernas que siempre hubieses querido sostener. Cuando los labios hablan lejos de tu cara, y quisieras encontrarla como quien susurra justo debajo tu mentón, pegada a tu pecho. Cuando los ojos que anhelas te leyeran son muy flojos como para desprenderle a tus palabras el amor. Tal vez sea eso lo que pone tan difícil que te rompan el amor en mil pedazos, y que a ratos te preguntes si hay un paso -sea de baile, sea de vida, sea del ser mismo- que se lleve en altos vuelos esos pesos que recaen sobre los hombros, que te aguadan las mejillas, que te amagan las dos patas, y que brotan de las grietas infinitas del corazón lastimado.

Dicen que hace tiempo hubo una, tenía diecisiete años y apenas se daba cuenta de lo raro que era el mundo, del amor, que es tan preciado, y de cuánto ama uno. Siete meses lo siguió dando traspies, por los pasillos de la escuela, preguntando a quien tuviera la sospecha, si algo había que sí sintiera él por ella. Pero nada. Fue el fatídico día, en su clase de hidromecánica, que le plantó cara al susodicho y entre tiemblos y suspiros confesó valientemente sus amores. “Qué torpeza, Dios, qué obtusa” se repitió cien veces, cuando deambulaba casi muerta por los mismos corredores que antes fueran callados expectadores de su canto enamorado. Se adentró al laboratorio, y dicen que bajo presiones, el ser humano es capaz de lograr cosas superiores: de alguna manera, se metió utilizando sólo sus brazos en el tanque de vacío, esperando que ningún ingeniero entrara a interrumpir su experimento dolido. Presionó un botón a control remoto, y el pequeño cilindro se vació de todo lo posible. Cuando abrieron el tanque, nada quedó de la pequeña más que el corazón, todavía latiendo, todavía llorando.

Dicen también de un muchacho, que a sus tiernos quince años, consiguió atrapar el más hermoso sapo. Era un gran conocedor de las especies anfibias, y compartía su pasión desde la infancia con su amiga, una dulce muchacha pelirroja y muy vivaz. Ella siempre demostraba con cariños su encantado aprecio a su vecino, que guardaba en alcancía sentimental, cada mínimo centavo recibido. Fue así que su corazón ya rebosaba de riqueza emocional cuando llegó, ese fatídico día, en que mostró la bestia anfibia al mismo tiempo que su amor. Pues no, su declaración tan taxonómicamente planeada no evolucionó en un corazón correspondido. Entró calladamente en el museo de animales disecados que había en el centro de la ciudad, y buscó una rana de colores vibrantes -rojo, azul y negro-. En pocos minutos, convulsionaba en el suelo, dirigiéndose a la extinción, mientras el pequeño anfibio yacía en su mano, con la saliva que quedará de su despechado lenguetazo.

Dicen, claro, del mal poeta, que añorando capturar los amores de su musa, escribió tres mil poemas y a todos los renombró para indicar, en cada título, las cosas que él amaba de su inspiradora dama. Dió el escrito a la muchacha, y esperando ansiosamente, se sentó por una banca, bajo un árbol, un Diciembre. No tomó jamás en cuenta que la dama no solía dar lectura, ni a los libros ni a escrituras. Comenzó y para el tercero, la chica se revolvió, no entendía la ternura que sus letras encerraban, y tras un largo bostezo, tiró el libro por la plaza. Él jamás supo de indicio que mostrara la verdad, por lo que siguió esperando, y esperando, y esperando, cuándo fuera ya su libro a terminar, y en el día de hoy es tal, que su amor aún la espera, sentado bajo del árbol, escribiendo cuentos varios, relatando las leyendas de quienes sufrieron tanto, con el corazón calado de paciencia y, cabizbajo, las apaña para aún, tras los cientos de Diciembres que ha pasado, seguir cogiendo pedazos de su corazón trozado bajo el brazo. La esperanza de rearmarlo en su semblante, pero cerca de su pecho un canto, una melodía triste que recita “tú ya sabes, como sabes a los libros, y como ella no los ama, que a tí nunca te fue a amar”.

Palabras de la próxima semana: Soñadora, Espacio, Tubo de Ensayo

2013-11-19 23.37.59

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