Creatividad Apretada

Es conocido por cualquier artista que trabaje y moldee su creatividad, que las situaciones límite o extremas dan a luz extraordinarias soluciones a complicados problemas, y oportunas salidas a callejones cerrados. Es la presión la que motiva esa parte de nuestro cerebro que resuelve problemas y crea maneras insospechadas de escapar los infortunios de la vida. Supongo que cuando estás adjunto a alguna religión o secta, las limitantes que se siguen provocan todo tipo de sublimación para las pasiones de maneras extrañas, a veces patéticas, a veces geniales.

Es así como hace unos meses, en un intento de destilar mi gusto por las apuestas y los juegos de cartas en algo inofensivo para mi bolsillo, se crearon los Juegos de Habanero. Primo hermano del reggaetón cristiano, y de la carne de tofú, este ameno reto consiste en jugar tantos tipos de juegos de cartas se conozcan, dejando que el perdedor de cada ronda le arranque una mordida al picoso fruto. Machín chicharrín.

Habanero

Y justo ayer en la noche, me preguntaron en una fiesta si acaso había cargado con mis armas usuales, pues querían jugar. Sonriendo saqué una cajita que contenía 2 chiles naranja fosforecente, y el mazo de cartas clásico, y entonces pensé: Qué maravilla es la creatividad humana. Tan maravillosa, que de humana le creo poco. Y es que los finales de libros que nunca imaginaste posibles son los mejores. Ese sentimiento de paz que viene después del cierre, de que todo encaje en su lugar, de que las cosas estén completas… Imagino que es parte de lo humano. En nuestra imperfección, reconocer que pertenecemos a lo perfecto, lo completo, y añoramos descansar en lo lógico, lo que tiene sentido.

¿Será? Es la fragilidad humana la que aprieta, mientras que hay algo dentro de nosotros que llama y grita que no pertenece a este mundo quebrado, a esta realidad torcida y defectuosa, que critica, juzga y piensa que tantas cosas hacen falta en nosotros y en los demás.  Algo que nos vuelva a unir a la perfección, a la complitud. Y andamos por ahí, enchilados con el habanero de la curiosidad, preguntando con urgencia por entender las cosas, como si hubieran semillas de chille detrás de nuestros párpados, quemando punzantemente las pupilas, y no hay crema por ningún lado que apacigüe el ardor.

Y de ese ardor, de ese apretujamiento existencial, es de donde sale la creatividad que como puente de papel, forma un lazo con el infinito, el Dios, o como les guste llamarlo. Contemplamos la creación que atraviesa el acantilado de lo común e insulso, desde el lado humano hasta el lado divino, y la creatividad nos pone en los zapatos del que crea. Es un sentimiento abrazador, omnipotente, embriagador… Si nunca han creado algo nuevo y original, se los recomiendo altamente.

Aunque claro, alguien ya antes ha jugado con Habanero y Cartas, y lo original podría ser una ilusión… pero de eso, luego pienso.

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